Manos de Esperanza llegó al impenetrable chaqueño

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La camioneta, a punto de partir rumbo a su destino chaqueño (Foto: Prensa Unión).Tras semanas de reunir elementos y alimentos en nuestra ciudad, especialmente en el transcurso de la Fiesta Nacional del Fútbol Infantil, una delegación del club Atlético Unión se trasladó hasta el impenetrable chaqueño para hacer que la iniciativa «Manos de Esperanza» pudiese tener su punto final. Allí, luego de más de 10 horas de viaje, se pudo llegar al lugar elegido para hacer que todo lo donado cobrase un nuevo significado.

(Por: Prensa Unión) – Tras 10 horas de viaje desde Sunchales a la localidad de Villa Río Bermejito, dónde nos esperaban integrantes de la Fundación “Pequeños gestos, grandes logros” de Patricia Sosa, entre quienes estaban Sandra Sosa, Patricia Kessler (hermana y representante respectivamente) y ocho integrantes más de la Fundación, empezamos a transitar la etapa final de la Campaña que el club organizó en Sunchales.

Desde Villa Río Bermejito debimos internarnos 30 kilómetros en la espesura del impenetrable hasta llegar a “Paso Sosa”, paraje rural del departamento General Güemes, hogar de una de las comunidades Tobas y dónde se emplaza una escuela rural para darles educación básica a los niños del lugar.

Parte de la comunidad toba, con las donaciones recibidas (Foto: Prensa Unión).Una vez allí pudimos vislumbrar la dura y cruda realidad que viven día a día los integrantes de las comunidades aborígenes de la región.

El lugar habla por sí solo: miseria y desolación son dos de las realidades más crueles que se pueden observar a simple vista y que se refleja en las miradas y rostros de la gente del lugar, hombres, mujeres, niños…

Un pueblo en medio de la nada, olvidado por la mayoría de la gente, que sobrevive gracias a lo poco que cazan, cosechan o venden, dónde cada paquete de arroz, cada fideo, harina, polenta, leche, cacao, legumbres, agua, etc. que llevamos gracias a la colaboración de la gente de Sunchales va a darles la posibilidad de alimentarse por un tiempo más… esa es la realidad que vivimos allá.

El monte, alguna vez un medio de subsistencia para las comunidades aborígenes, ya no les provee de casi nada. Los tobas vivieron de la recolección de frutos, de la caza y de la pesca. Fueron braceros en las cosechas de algodón y también trabajaron en los hornos de carbón de leña. Todo eso quedó en el pasado a partir de la tecnificación de la recolección y el desplazamiento del algodón a otras zonas como consecuencia del desmonte indiscriminado para el cultivo de la soja.

Los rostros de los niños reflejaban alegría y la gente mayor demostraba alivio al percibir nuestra llegada, pues adivinaban que llegábamos con víveres para ellos.

El saludo inicial fue silencioso y se notaba la diferencia de estados de ánimo, pues nosotros arribamos con alegría a su paraje pero ellos esperaban con curiosidad y timidez, para ellos hasta ese momento era un día más…

Luego de bajar la mercadería se nos acercó la mayoría de la gente de la comunidad Toba a estrecharnos las manos, a decirnos simplemente «gracias» y por primera vez sentimos que la intensidad de esa palabra era única…pues el hecho de que nosotros estemos allí significó la diferencia entre comer y no comer en las horas siguientes, en esos días, esa semana…

Lejos de querer ser sensacionalistas tratamos de contar lo que vivimos de la manera más real posible, para que la gente de Sunchales que abrió su corazón al ayudar en esta campaña sepa que a pesar de la distancia lograron hacer llegar comida y agua a personas que realmente lo necesitan, dándoles tranquilidad, fuerza y fe para poder sobrellevar sus vidas más dignamente… demostrando que no todo está perdido, que a través del amor y la solidaridad se pueden tender “manos de esperanza”…

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