REP V – Cañón y altas velocidades en el tránsito sunchalense

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Semana del 19 al 26 de julio de 1930.

El cañón de la Plaza
El que escribe estas notas comenzó en este mes a hurgar en el Archivo de la Provincia y en los distintos tomos de nuestra historia provincial, en procura de la documentación que le diera la razón de la existencia del cañón en nuestra plaza. Decía entonces: «Ha tiempo apareció un recuerdo dedicado a nuestro cañón, que, plácidamente está sentado sobre una improvisada cureña, durmiendo el sueño eterno del olvido. El transeúnte que pasa a su lado se lleva el interrogante de su historia, o la duda de su origen.

Es que una masa de hierro frío, no sabe de glorias, no sabe de víctimas que su boca causó, no recuerda las leguas de campos que a la barbarie le arrebató para que las presentes generaciones los cubrieran de espigas del pan; solo pide un poco de pintura cada año.

Si pudiera hablar, reivindicaría su historia y al hombre que, otrora, creyó que la civilización y el derecho residía en la fuerza de su pólvora, le diría: hoy la escuela plácida y serena vale más que mil bocas como la mía vomitando metralla para abrir brechas al progreso; los niños blancos o morenos, negros o rubios unidos por el arrullo del aula, harán realidad las aspiraciones de los pueblos libres. La igualdad, la fraternidad y la justicia social, solo la escuela puede llevar la felicidad al mundo, sin cañones, sin bombas mortíferas, ni misiles dirigidos.

De esta especie de coloquio comenzó la recopilación de datos para escribir la historia de Los Sunchales.

Advertencia para los automovilistas
De continuar corriendo alocadamente por las calles del pueblo, levantando nubes de polvo, los automovilistas, las mamás tendrán que hacer cruzar las calzadas a sus hijos llevándolos de la mano. Quienes desean suicidarse que lo hagen en buena hora pero que respeten la vida ajena. Esa advertencia, como se ve, ya se daba hace años y todavía se insiste.

Participación
La Sra. Lima Vda. de Giménez, participa el enlace de su hijo Faustino, con la Srta. Agustina Bernardi. Actuarán de testigos, por la novia, el Sr. Olaf Nilsson y Antonio Cacchini y por el novio, Ernesto Ventura y Francisco Moretto.

Anunciaban en esta época
Partera, Sra. Teresa de Bedini; Fábrica de escobas, Antonio Tourn; Almacén de Prece y Boechi; Carpintería Richiger Hnos.; Relojería y Joyería Sala y Molinari.