Las Fechas Patrias de ayer y de hoy

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Las fechas patrias visten las escuelas de colores emblemáticos y crean ambientes especiales que reafirman el conocimiento histórico e incitan los sentimientos de festejo. Las aulas, las galerías y el salón de actos, hasta los patios visten el clima digno de la fecha que se conmemora. Nuestra infancia se hallaba muy signada por esas vivencias que sentíamos como auténtica celebración por la patria, tal era la intensidad de lo que se vivía, por ejemplo en mayo, durante toda la semana que rememoraba los sucesos iniciados con las noticias llegadas de España y las decisiones que se fueron tomando hasta desencadenar finalmente en la Primera Junta de Gobierno.

Los relatos de la maestra, las lecturas alusivas, los comentarios del libro de estudio, las poesías que memorizábamos, la preparación de los actos, las vestimentas para representar personajes de la época, todo nos inspiraba situaciones similares a las vividas en aquel tiempo lejano que sentíamos como propio y cercano. Ser protagonista sobre el escenario era considerado un acontecimiento singular, presenciado por toda la familia, vivido como una distinción inolvidable. Sentirse dama antigua, caballero de galera o criado y servidor en la calle era estar compenetrados con cada personaje de una época que estaba reapareciendo.

Además de la conmemoración interna, acudíamos luego al Tedeum y al acto público. Todos, sin excepción. No un grupo minoritario llamado delegación. Porque el compromiso se nos había “delegado” a la totalidad del curso. Cada uno de nosotros, sin excepción, portaba una bandera pequeña de papel – seguramente adquirida por la Cooperadora- para agitar al unísono después del himno o en el momento que nos fuera sugerido. Entonces sí, el viento de mayo se acoplaba al impulso de nuestra mano pequeña y ondeaban con fervor los colores elegidos por Belgrano.

Lo mismo ocurría en la escuela secundaria, donde además nos correspondía desfilar, en pleno mayo y con su clima adverso. Pero allí estuvimos, firmes, cumpliendo con la patria, convencidos y emocionados. Habíamos cargado más almanaques pero seguía intacta nuestra participación y el compromiso entusiasta.

¿Seguirán los niños y los jóvenes de hoy asistiendo impulsados por idénticos sentimientos? Quizás la multiplicidad de información, la profusión del tecnicismo, los medios audiovisuales y la frialdad que a veces demuestran los adultos del entorno inciden en el declive de la participación y la vehemencia. Un hecho estremecedor ha sucedido recientemente cuando toda una facción del público en una cancha de fútbol ignoró las estrofas del himno sobreponiendo los cánticos adversarios y denigrantes. Como docentes, la realidad nos golpea. ¿Qué aprendieron en la familia y en la escuela? ¿Qué enseñarán a sus propios hijos? ¿Y cómo será la sociedad así contaminada en el futuro?

Nuestros recuerdos felices perduran y tienen sabor a patria. Somos afortunados al haber vivido en ese tiempo. Por guardar tal tesoro de recuerdos que conforman nuestra identidad y nos definen en el presente; el compromiso es actuar, cada uno en su medida, para producir cambios. Comencemos por el entorno más cercano y hasta donde alcance nuestro impulso, para lograr que los corazones estén henchidos de argentinismo.

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