Güemes y Belgrano, en el pedestal de la gloria

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Martín Miguel de Güemes, retratado en acción, en un óleo histórico.

Esta semana incluyó dos conmemoraciones de patriotas que murieron en fechas cercanas: el 20 de junio de 1820 Manuel Belgrano y el 17 de junio de 1821 Martín Miguel de Güemes. Hombres que estuvieron ligados por la amistad y desplegaron una destacada actuación entregando sus ideas, esfuerzos y luchas por la patria.

Pero sus vidas no generaron únicamente batallas y triunfos. Fueron también hombres de familia donde el amor, la intimidad, la sencillez los adornaba, sin opacar la trayectoria militar. ¿Y cómo descubrimos esas facetas de ambos próceres? A través de cartas escritas desde la intimidad de habitaciones hogareñas, narrando sueños, preocupaciones y dolores, mostrándolos como hombres con toda su humanidad a flor de piel.

La biografía de Belgrano está más a nuestro alcance por los conceptos escolares y los homenajes en actos que nos trajeron capítulos de su vida y cada día podemos estar en contacto con su inspiración celeste y blanca, con el paño sacrosanto ondeando en los mástiles de la plaza, de las oficinas públicas o desde las aulas.

Martín de Güemes, Gobernador de Salta, fue una destacada figura en la guerra de la independencia argentina. Provisto con muy escasos recursos pergeñó y concretó la llamada Guerra Gaucha para frenar seis invasiones españolas, logrando con sus hombres mantener el territorio libre de usurpadores realistas.

En 1817 Belgrano escribía a Güemes por su hermano José de 16 años para incluirlo en su ejército. La correspondencia que se iniciaba incluyó cuestiones domésticas que hoy permiten el armado de una biografía más íntima: “Deseo que su esposa Carmencita Puch nos dé un nuevo patriota heredero de su padre, con quien mantengo una firme amistad”, consignaba Belgrano. También la salud de Güemes le preocupaba: “Ud. no se cuida –decía en octubre de 1817-. Su cuerpo no es de bronce; no se debe solamente a sí, sino a su mujer y a su pequeño Martincito”.

Belgrano fue el primero en fallecer, en medio de la pobreza. Pagó al médico con su reloj y con el mármol de la cómoda hicieron su lápida. Al año siguiente murió Güemes, a los 36 años de edad. En la Cañada de la Horqueta, cerca de Salta, yacía a la intemperie, en un catre improvisado. Fue el único general argentino caído en acción de guerra exterior.

El 20 de junio de 1820 fue el Día de los tres Gobernadores, tal era la situación complicada de Buenos Aires. Un solo periódico publicó la muerte de Belgrano a través de escasos renglones. También en Buenos Aires informaron la muerte de Güemes bajo el título “Ya tenemos un cacique menos”, considerado un enemigo ideológico.

Felizmente, el transcurrir del tiempo trae luz sobre los hechos históricos y una pátina de bronce los coloca a ambos en el pedestal de la gloria. La ingratitud puede borrarse del alma. Despojada de viejos partidismos, la Patria encauza una verdadera galería de figuras que nos han dado la libertad y la independencia.

Otra mirada similar
(*) – Sin embargo, en Buenos Aires Güemes no era visto así: la noticia de su muerte fue publicada bajo el título «Ya tenemos un cacique menos»; el artículo que lo anunciaba demostraba más alivio por la muerte de un enemigo ideológico que pesar por la pérdida de la ciudad de Salta en manos realistas.

No solo se preocupaba Belgrano por Pepe Güemes, el joven hermano del caudillo salteño, sino también por la esposa del General, doña Carmen Puch, que estaba en avanzado “estado de buena esperanza”, como se decía entonces. Desde Tucumán, le escribía a Güemes en agosto de 1817: “Deseo que la señora doña Carmencita salga bien de su cuidado, dándonos un nuevo patriota heredero de su padre de quien soy con la mayor y más firme amistad, su Manuel Belgrano”.

Al mes siguiente vuelve a referirse a la paternidad del prócer salteño: “Que salga bien de su cuidado mi señora doña Carmencita es mi deseo y que siendo usted padre no por eso disminuya en su afecto a su siempre Manuel Belgrano”. Una semana después le pregunta: “¿Es usted ya padre o cómo andamos? Expresiones a la Carmencita y usted reciba las que quiera de su siempre Manuel Belgrano”.

Por fin llegó la noticia del nacimiento del primogénito Güemes-Puch. En septiembre le escribe a Güemes: “Sea mil veces enhorabuena, mi amigo y compañero querido: Felicito a usted, a la señora doña Carmencita y a ambas familias por el nuevo Martincito; celebraré que siga bueno, como igualmente su mamá, a quien tendrá usted la bondad de hacerle presente mi complacencia por el feliz éxito, y por haber dado un hombrecito a la Patria que herede las virtudes de su padre y el amor a tan digna madre…”.

En abril de 1818, Belgrano termina una carta a Güemes diciéndole: “Siga usted con la salud que deseo, igualmente que la Carmencita y el Martinillo”.

Menos de un lustro después de esta última carta, ya habrán fallecido Belgrano y Güemes. Y de esas cartas queda el testimonio imborrable, humano y cálido, de que aquellos hombres no eran de bronce. Sufrían y amaban, aunque fueran los Padres de la Patria.

(*) – Por: Marcelo Gershani Oviedo.

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