Otra vez, los niños…

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Chela, durante la disertación en el Colegio «San José».

Mi vida estuvo signada por la permanente compañía de los niños. Hijos, alumnos, nietos. Viví rodeada de infancia y ejerciendo la docencia con todos, en cualquier ámbito. Después de abandonar las aulas, veinte años de Taller Literario particular me permitieron transferir conocimientos, prácticas y el amor por las letras a niños, jóvenes y adultos de la ciudad.

Pero las escuelas constituyen el ámbito propicio para volver a tener la fortuna del vínculo con la infancia y así sentirme otra vez docente en ejercicio. Las maestras responsables de los 3° del Colegio San José de esta ciudad tuvieron la cortesía de invitarme para un encuentro con sus niños, después de trabajar con mi último libro, editado por la Municipalidad local, donde simplifico la Historia de Sunchales adaptándola a este nivel.

En realidad, Basilio Donato fue el maestro que, jubilado y residiendo en Santa Fe, se convirtió en el minucioso y entusiasta transcriptor de la documentación guardada en el Archivo Histórico de la Provincia. Su primera publicación apareció en el Álbum del Cincuentenario de Sunchales (1936), donde relataba solamente lo referente al Fuerte de Los Sunchales, porque recién en 1974 pudo presentar su obra completa, con el apoyo económico de nuestra Municipalidad.

Los alumnos únicamente tratan este tema en 3° grado y siempre me preocupó que la increíble y valiosa historia del Fuerte y luego las tres Colonizaciones que le siguieron no fueran lo suficientemente entendidas y valoradas debido a la dificultosa localización espacio-tiempo que se puede concretar a los nueve años. Al cumplir Sunchales sus cinco décadas de declaración como ciudad, consideré que constituía una fecha oportuna para salvar esta insuficiencia y decidí que con veinte páginas podía resumir y adaptar tantos años de crónicas lugareñas al alcance de los niños.

Interés, cordialidad, respeto, valores que se sumaron a los inherentes a la infancia: naturalidad, candor, gracia y dulzura. Un cúmulo de evidencias originó mi felicidad por este encuentro porque realmente me sentí transmisora de lo que había pretendido a través de mi libro.

Previamente y a mi llegada a la escuela, me regocijé observando el patio en momentos del recreo. Jamás creí que después de tantos años volvería a ver a los alumnos saltando la soga, totalmente imbuidos de la competencia y con evidente destreza que justifica la práctica diaria. Un hito más para unir a un día donde la historia fue el espejo para mirarnos: Nuestro Fuerte y las Tres Colonizaciones, así como nuestros niños y las prácticas que reviven en el gozo de un juego que no conoce de fronteras temporales.

Mi profundo agradecimiento al Colegio, al periodista Ariel Balderrama, a las docentes María José Beccaria, Claudia Zeballos y Estefanía Reynoso. Y como dijera Astrid Linsdgren, sueca, escritora de literatura infantil: “Si he sido capaz de iluminar una sola infancia, estoy satisfecha”, siento idéntica satisfacción porque se consumaron mis aspiraciones al dedicarles a estos niños “Una historia de veinte páginas”.

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