Un día de fiesta para la democracia

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Primera votación tras la sanción de la Ley Sáenz Peña, en 1912 (archivo de la Nación).

“A mí no me interesa la política”, “yo no sé nada de política”… ¡cuántas veces escuchamos estas afirmaciones! Convivimos con la política, nos rodea su hálito indispensable casi como el aire; más aún en una época de comunicaciones al instante, donde las noticias nacionales e internacionales invaden nuestros hogares. Tenemos el planeta al alcance de las manos.

Vamos a un comercio y hasta el precio de las legumbres tiene relación con la política, la organización de una ciudad a través de sus ordenanzas, las leyes y decretos provinciales y nacionales que regulan nuestra vida diaria en los ámbitos sociales, económicos, educativos, sanitarios, todo está organizado según normativas que emanan de entes gubernamentales. De lo contrario, viviríamos inmersos en la anarquía.

¿Haber vivido más que los votantes juveniles de hoy nos ubica en ventaja? Los vaivenes de la política argentina han sido tan profundos y que si los hemos asimilado podemos estar espléndidos en conocimientos o por el contrario atribulados; difícil es aconsejar a un joven, solamente decirle: “Votá de acuerdo a tu conciencia”. Y… ¿están realmente informados?

La vida es un camino y a cada tramo nos permite experiencias. A lo largo de los años vamos acumulando hechos pródigos para otorgarnos saberes, certezas, sinsabores y gozos, toda una historia que vamos uniendo en capítulos y al pasar el tiempo, razonamos que valió la pena haberlos vivido. Por su larga experiencia, “en Grecia los mayores eran considerados portadores de gran saber, por ello merecían respeto y deferencia”. Allá lejos y hace mucho tiempo. Ahora nos dicen que si no votamos, no importa…

Dichosos aquellos hijos cuyos padres hoy permiten el libre albedrío para que ellos decidan y no interponen su fanatismo o sus conceptos acérrimos para influir y orientar el estreno del maravilloso acto de votar. Suele decirse que tal familia tiene un determinado signo político, ¿habrá allí algún caudillo que impone la idea? Bajo el techo del hogar pueden reinar ideales distintos y no por ello debieran producirse roces.

Diferencias raciales, deportivas, religiosas, políticas, fomentando grietas en todos los planos, solamente será signo de intolerancia y conductas intransigentes, que no entienden el valor de la convivencia y los nexos del afecto, la comprensión y la amistad.

Finalmente, el domingo iremos a las urnas. Un día de fiesta para la democracia. Ejerceremos el derecho de elegir y el deber de cumplir con la nación. Dichosos los pueblos que pueden hacer uso de su discernimiento y practicar el ejercicio de la voluntad insertando libremente cada sufragio en las urnas.

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