No podrán detener la primavera

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Las estaciones constituyen las cuatro fases del curso solar y por lo tanto se corresponden con las de la luna y las edades de la vida humana. Los griegos las representaban bajo las figuras de cuatro mujeres; la primavera con corona de flores junto a un arbusto que está echando brotes. El verano, con corona de espigas, llevando un haz de ellas en una mano y una hoz en la otra; el otoño lleva racimos de uvas y un cesto de frutos; el invierno, con la cabeza descubierta y al lado de árboles desprovistos de hojas.

Aunque también se han representado con figuras de animales. La primavera, un carnero; el verano, un dragón; el otoño, una liebre; el invierno, una salamandra. El calendario ya nos ubica en el equinoccio primaveral. El sol alcanza su punto más alto en el cenit, a 90° en relación con una persona sobre la tierra. Es un momento culminante del año, en el que casi mágicamente se igualan la duración del día y la noche (“noche igual”, sería la traducción).

PRIMAVERA, palabra de nueve letras. Número nueve, signo del arte y lo emotivo. La primavera arriba y se instala primero en los patios; luego se filtra en los ámbitos interiores, inunda los espacios y los corazones. La obra y gracia de la madre Natura se espiga en flores, frutos y aromas sublimes.

A esta virtud se vinculan aquellas magníficas dotes humanas de quienes hacen del dibujo, la música, la creatividad, los versos, las decisiones y la armonía un generoso engarce para celebrar la llegada de septiembre con su fecha de esplendor y dejar constancia.

Es la estación que vitaliza, entona, alegra y añade destellos en los rincones del alma para encarar todas las auroras que el futuro diseñe en nuestras vidas. Nos trae los recuerdos juveniles de la jornada que se disfrutaba con alumnos y compañeros en días de escuela. Sin brecha generacional en esos tiempos, la presencia del adulto moderaba y dotaba el equilibrio del encuentro. Era la institución educativa la organizadora y marchábamos en colectivos hacia el predio reservado para un verdadero día de solaz. Por las ventanillas se colaba la Canción del Estudiante que modulábamos a viva voz.

Quienes aborrecen el invierno sienten seguramente doble placer al despedir las imágenes de los días glaciales y crueles. Y quienes lo amamos, no cometemos por esa causa la torpeza de desconocer la maravilla que se avecina en septiembre, renegando de ella. Siempre habrá una aurora rosada y sonriente después de la noche tenebrosa, como también tras la impiedad de los inviernos vive una primavera palpitante.

Septiembre ya se instaló entre nosotros. Abramos las puertas del hogar y nuestros corazones para acogerlo. “Podrán cortar todas las flores pero no podrán detener la primavera”, escribió el maravilloso Pablo Neruda.

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