Steigleder, el agrimensor

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Sunchales no ha acallado aún los ecos de la conmemoración por haber cumplido 133 años desde que el Gobernador José Gálvez aceptó los planos llevados a Santa Fe por el agrimensor Carlos Steigleder, el 19 de octubre de 1886.

Un hito histórico que le ha generado el título de “fundador”, cuando en realidad le correspondieron otras funciones: medir los campos, diseñar el plano, gestionar en Santa Fe, etc. Las colonizaciones anteriores –mal llamadas fundaciones- fueron el preámbulo de la gesta maravillosa narrada luego por Basilio Donato.

Gastañaduy, gobernador español, fue determinante en la elección del sitio, teniendo conocimiento de las aguadas naturales en estos lugares, buenos pastos, excelente vegetación y rica fauna. Un paso adecuado para las carretas que llevaban el azogue hacia las minas del norte. Luego fue Nicasio Oroño otro encendido defensor de ese objetivo pero diversos fueron los motivos de los fracasos para el arraigo de un pueblo definitivo.

La desintegración de la Compañía Colonizadora de Guillermo Lehmann le dejó a Cristiani las leguas correspondientes a este lugar alrededor del Fortín de los Sunchales y prontamente encargó a Carlos Steigleder – de quien se decía era un familiar – toda la tarea correspondiente a su profesión de agrimensor.

Los años 1884, 85, 86 lo encontraron muy atareado a Don Carlos. Precisamente en 1885 culminó la construcción de su casa, emplazada en cercanías del ferrocarril que llegaría en 1887. Se le había encargado dejar en su plano la lonja de terreno destinada a este moderno medio de transporte y comunicación, originando estaciones de trenes que a su alrededor engendrarían abigarradas poblaciones habitadas por los inmigrantes que llegaron para levantar el himno del trabajo fecundo en estas tierras de paz, hambrientas de manos laboriosas.

Steigleder sabia del valioso tesoro que se escondía en el sitio histórico ocupado por el Fortín. Tenía el firme convencimiento de que el mañana necesitaría testimonios de la epopeya y elementos para los museos, reservorios de la memoria para alimentar la sabiduría de otras generaciones posteriores. Era sagrado el solar que debía salvarse de las ventas y el espíritu comercial.

Pero la fatalidad se lo llevó a los 45 años de edad y su hermano Cristian, quien hasta ese momento vivía en Buenos Aires y trabajaba en la aduana, que por no haber tenido las mismas experiencias ni haber desarrollado idénticos sentimientos, convirtió rápidamente el terreno en dinero y Sunchales perdió así gran parte de su bagaje histórico.

El próximo 11 de noviembre se cumplirá un nuevo aniversario de su desaparición física. Un sepulcro rodeado por rejas en nuestra necrópolis está eternamente desprovisto de flores. Pero Rosa K. de Longoni le ha dedicado un busto en el ala sur de la plaza Libertad. Allí, todos los años, el Centro de Maestros Jubilados, en colaboración con la Municipalidad de Sunchales, rinden homenaje depositando una ofrenda floral. Una mínima reverencia a su memoria.

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