Día de la Tradición

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Es una auténtica fecha nuestra para celebrar como legítimos argentinos. Y como particularidad, se recuerda el nacimiento del poeta José Hernández (10 de noviembre de 1834), autor del poema narrativo “El gaucho Martín Fierro” y su continuación “La vuelta de Martín Fierrro”. Particularidad, porque la mayoría de las conmemoraciones toman las fechas de fallecimientos.

El gaucho payador Martín fue obligado a incorporarse al ejército por parte de quienes menospreciaban su existencia, al igual que la del indio. Como víctima de la opresión y la injusticia, huyó para convertirse en un gaucho matrero, fuera de la Ley. Otros escritores originaron la literatura gauchesca (Bartolomé Hidalgo, Hilario Ascasubi, Estanislao del Campo), pero el Martín Fierro se posicionó en la cima de la literatura argentina, eternizando la vida del gaucho en la región Hispanoamericana.

No vamos a ver recorriendo las calles a niños con vestimenta gauchesca, pero seguramente en las escuelas, peñas, etc., se tendrá en cuenta esta celebración. Las definiciones que se consignan para el término “tradición” son: a) Costumbre, composición literaria, doctrina, etc., que se comunica, se transmite o se mantiene de generación en generación; b) Transmisión o comunicación de noticias, literatura popular, doctrina, ritos, costumbres, que perduran de generación en generación.

Es lo que se mantiene en el tiempo y las personas de cada época lo siguen tomando como propio por estar arraigados los hábitos y la concientización del valor emanado de todo lo que se relaciona con nuestros orígenes, nuestro patrimonio histórico, cultural, humano, sentimental, etc., que nos define como argentinos.

Si recorremos la ciudad de Buenos Aires vemos en sus edificios la notable influencia extranjera en su arquitectura, especialmente europea, deseosos en un tiempo por convertirla en una auténtica París. El gaucho, personaje de nuestra pampa, diestro en el manejo del caballo, amante de la libertad, ajeno a lo mundano de la ciudad, representaba otro mundo en disonancia con la capital.

Así como veneramos el himno nacional, la bandera, el escudo y la escarapela, así nos atañen las figuras del gaucho y la china en los bailes típicos; la guitarra y las payadas, el mate y la torta ahumada, las empanadas en sus distintas versiones según las provincias, las letras y música de los temas regionales, los paisajes naturales de nuestra llanura, el ámbito por excelencia del gauchaje.

Heredamos de nuestros abuelos inmigrantes tradiciones que mantenemos y extendemos a nuestros sucesores. Pero la argentinidad se sorbe desde la infancia, crece en la escuela con la educación, se nutre en la convivencia nacional, se ciñe en nuestro pecho con el amor de patria cada vez que vemos ondear nuestra bandera, cantamos nuestro himno, vemos bailar una chacarera o disfrutamos de las destrezas del malambo.

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