Alfredo Rotania, vida de un inventor italiano

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Con motivo de cumplirse los 90 años del patentamiento de la cosechadora Rotania, compartimos un fragmento de un libro alusivo, escrito por Oscar Poletti. El tramo en cuestión, nos permite conocer más detalles acerca de la vida de don Alfredo Rotania.

1880 – Los comienzos de Sunchales
En 1884 empezaron a llegar a nuestras desoladas tierras las primeras corrientes inmigratorias desde los países europeos, azotados por la hambruna y la carencia de vislumbrar un futuro mejor para sus hijos.

Quizás, cuando llegaron los primeros inmigrantes, les habrá presentado nuestro país un panorama triste, desolado y deprimente, sin ninguna posibilidad de confort e inmediato bienestar para experimentar una mejor calidad de vida; y sumado a esto, el desarraigo que se sufre al dejar la tierra de origen para trasladarse a un mundo desconocido, árido y sin nada realizado.

Pero tal vez ahí estaba el secreto y la motivación de abrazar esta tierra como propia, «el hecho de que no había nada hecho y estaba todo por hacer».

Entonces, con la fuerza espiritual y convicción de transformar el ámbito donde se habían radicado, comenzaron con esta brillante obra de «Hacer la América» sustentada con la cultura del trabajo, la perseverancia y el espíritu solidario; es decir dar su esfuerzo en trabajar la tierra porque tenían la convicción de que la tierra les devolvería con creces todo el espíritu de sacrificio volcado.

En octubre de 1886 se formaliza la Tercera Colonización de la colonia de Sunchales, con la constitución de la primera Comisión de Fomento, la instalación de un molino, la escuela, la iglesia y surgen los primeros comercios para abastecer a las primeras familias radicadas en Sunchales, en su mayoría de origen italiano.

1880 – Allá en Revello (Italia)
En esa misma época, precisamente en enero de 1885, en un pequeño pueblo italiano llamado Revello, en la provincia de Cuneo (lugar con hermoso paisaje cerca del Río Po y la frontera francesa) nacía el quinto hijo del matrimonio conformado por Giovanni Rotania y María Martino, al que le pusieron el nombre de Alfredo (sus hermanos mayores se llamaban Victorio, María, Ramón y Ángela; y sus hermanos menores eran Miguel, Fernando y Enrique).

Alfredo Rotania (Foto: Libro del cincuentenario de Sunchales, 1936).

La familia se dedicaba a la cría de ganado vacuno, la explotación del gusano de seda y al cultivo del poco terreno disponible del lugar montañoso, cuyas actividades les proporcionaban un buen pasar.

Alfredo desde muy chico se destacó por su inteligencia, a pesar de las dificultades de aquella época de concretar la escuela primaria, porque la prioridad eran los trabajos rurales.

Como ocurre habitualmente con las mentes que han trascendido por sus obras, Alfredo era de espíritu emprendedor, intuitivo y con una gran vocación de hacer cosas, por lo que aprendió diversos oficios y en especial aquellos relacionados con la actividad mecánica.

A raíz de ello, a los 12 años, le pidió permiso a su padre para ir a trabajar al taller mecánico de su padrino en el pueblo cercano llamado Saluzzo; donde conoció un ingeniero que advirtió las cualidades de Alfredo y comenzó a enseñarle los secretos de la profesión mecánica y la confección de los planos para diversas máquinas de aquella época.

1900 – Llegan los inmigrantes a la Argentina
A comienzos del nuevo siglo, los hermanos mayores de Alfredo viajaron a la Argentina, junto a otros inmigrantes, con la intención de buscar trabajo, amasar una pequeña fortuna y luego retornar a Italia.

Pasó el tiempo, el resto de la familia viajó a la Argentina para visitar a sus hijos y hermanos y llegan a Buenos Aires en el vapor Paraná de la Compañía Transatlántica Francesa el 9 de noviembre de 1910. Luego de la visita Alfredo tenía la ilusión de viajar a Estados Unidos para dedicarse a la fabricación de automóviles.

Concretados los trámites inmigratorios en Buenos Aires, cuya gestión demandaba aproximadamente 3 días, la familia emprendió el viaje hacia nuestra zona en busca de sus dos hijos mayores.

Una vez que se encontraron, comenzaron a trabajar con ellos en las tareas del campo y ambientados en esta nueva tierra, se radicaron en Sunchales, donde Alfredo comenzó a trabajar como empleado del molino harinero y después en la usina.

En 1915, Alfredo materializó su entusiasmo por todo lo que fuera mecánico y fundó junto a sus hermanos un taller, desempeñándose simultáneamente como agente de ventas de los automóviles Hudson y Exel.

Familiarizados con la vida de Sunchales, cuya actividad económica estaba muy ligada al campo, los hermanos Rotania compraron dos máquinas de trilla fija para trabajar en el campo, y cuando no era tiempo de cosecha se dedicaban a reparar las máquinas en el taller mecánico que poseían, debido a que en las cercanías de Sunchales no existía este servicio.

El del medio con mano derecha apoyada en tornos, Don Alfredo, a su izquierda de bigotes, Fernando, y el último a la izquierda, Enrique (Foto: gentlileza Elder Rotania, publicada en el libro «Las cosechadoras de Sunchales», Oscar Poletti, 2009).

En esos momentos empezó a aflorar el espíritu inquieto e innovador de Alfredo, observando los detalles que conformaban estas máquinas, que eran fabricadas en lugares muy distantes de Sunchales y con los conocimientos ya adquiridos puso en marcha su capacidad inventiva autodidacta.

En esa época, Europa era azotada por el flagelo de la Primera Guerra Mundial, que se inició en 1914 y finalizó en 1918.

En 1919 Alfredo contrajo matrimonio con María Panero, con quien tuvo 3 hijos (Enzo, Neva y Delma) y siendo ya un experimentado en la actividad de las cosechadoras, advirtió la necesidad de contar con algún elemento que reemplazara a la tradicional horquilla que se utilizaba para recoger la paja que quedaba de excedente de las espigas y que luego era cargada manualmente en un carrito.

María Magdalena Panero y Alfredo Rotania (Foto: Libro «El tiempo incomparable», Neva Magda Rotania, 2014).

Sunchales 1920 – Comienza a gestarse la cosechadora
Al llegar 1923 esa inquietud innovadora pudo ser concretada por Alfredo, quien diseñó un tubo neumático lanzapaja, a través del cual ésta era depositada directamente en el carro que la retiraba del lugar.

La aparición de la máquina cosechadora, también denominada corta-trilla, había suplantado a las legendarias trilladoras y se restringió rápidamente el uso del lanzapaja.

La necesidad de iniciar la producción de otro producto en reemplazo del tubo se hizo real fomentándose la idea de producir nuevas cosechadoras, algo que para la época era totalmente revolucionario porque hasta entonces las cosechadoras eran arrastradas por caballos o un tractor.

Don Alfredo estimó en ese momento que era factible aprovechar el motor de la cosechadora para su autopropulsión y sin pérdida de tiempo inició la tarea junto a su equipo, dedicándole sus mejores esfuerzos.

Ya en 1926 habían conformado la primera razón social bajo el nombre Alfredo Rotania y Hnos. fábrica que posteriormente se denominó A. Rotania y Hnos. y que contaba como Director a Don Alfredo, y a sus hermanos menores Miguel, Fernando y Enrique, como colaboradores.

Personal de la fábrica Rotania Hnos. (Museo y Archivo Histórico Municipal).

Comienzan en 1927 a tramitar la patente que proteja la invención, gestión que se logra con la emisión del certificado de Patente de Invención con números 32.397 y 35.472, de fecha 18 de diciembre de 1929, cuyo producto es denominado cosechadora automotriz, fabricándose en ese año una cantidad de cinco máquinas, de las cuales cuatro se venden en el país y una se exporta a Estados Unidos.

Si bien esta invención no generó grandes beneficios económicos a la empresa, si le dio un gran prestigio porque los más grandes fabricantes del mundo adoptaron ese sistema.

La invención de la cosechadora automotriz hizo trascender y perdurar la figura de Don Alfredo, pero en su haber figuran otras importantes invenciones, como ser una máquina para cortar las barras de manteca y hacer los panes que fabricaba SanCor, la prestigiosa fábrica de Sunchales, que en este mismo libro, también merece un espacio.

Primera cosechadora automotriz del mundo, fabricada por Rotania en Sunchales (Museo y Archivo Histórico Municipal).

Hay algunas anécdotas que pintan de cuerpo entero la verdadera personalidad de Don Alfredo, como en una oportunidad la Compañía Froit Industrial (representada en el país por la Casa Forges) trajo al país una máquina para fabricar hielo y el ingeniero que realizó el montaje una vez puesta en marcha volvió a su lugar de origen.

De bien que andaba, al poco tiempo de instalada comenzó a fallar reventando la válvula y provocando diversos daños. Se reparaba y después de funcionar no más de media hora volvía al mismo problema; y así ocurrió con dos máquinas más que se importaron para una fábrica de Bahía Blanca y la otra para la firma «La Martona», que seguían con la misma falla.

Ante la impotencia de los ingenieros, decidieron consultarle a Don Alfredo si podría advertir de dónde surgía el problema, ya que los ingenieros y técnicos no le encontraban solución. El tornero que conocía a Don Alfredo, lo invitó a observar la máquina para detectar la falla; cosa que ocurrió de inmediato: «la máquina está construida para el clima de Europa, donde el agua se condensa a menos presión, pero en nuestro país, con temperaturas más altas, necesitaba mayor compresión».

Este era el perfil intelectual de Don Alfredo, al cual además se agregaba un espíritu sociable, humilde, alegre; amante de la familia, la música y el ciclismo que practicaba con entusiasmo en una bicicleta que había traído de Italia.

Sunchales 1956 – Nos deja un ilustre ciudadano
El 27 de noviembre de 1956, fallece Don Alfredo Rotania y cuatro años después de su muerte, la fábrica pasó a llamarse Rotania y Cía SA y sus productos comenzaron a poblar los campos de nuestro país; y también en Uruguay, Paraguay, Brasil, Ecuador, Venezuela, Bolivia y República Dominicana, entre otros.

Trabajaban unos 400 empleados, que producían una máquina por día, además de otros importantes elementos agrícolas (tractores, motoniveladoras, autohileradoras, molinos de viento, etc.) y repuestos.

Interior de la fábrica Rotania, 1986 (Museo y Archivo Histórico Municipal).

Sunchales 1990 – Épocas lamentables
Por diversos factores, muy comunes y a los que estamos acostumbrados en nuestro país, la década del 90 fue nefasta para muchas empresas locales, y la fábrica Rotania no fue la excepción, ya que con todo su desarrollo, sus logros y su personal, no pudieron afrontar la crisis y tuvo que cerrar sus puertas, dejando la angustia que nos produce ver que una gran empresa ya no existe más, agregando mucho desempleo, deserción, pobreza, etc.

Fuente: «Las cosechadoras de Sunchales», Oscar H. R. Poletti (2009).

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