¿Cambiarán las leyes?

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La tranquilidad con que nos habituamos a vivir en una ciudad pequeña fue disolviéndose con el paso del tiempo. Modernismo, fuentes de trabajo, instituciones educativas de nivel y otras bondades con que cuenta Sunchales para lograr un gran número de habitantes que la eligen para desarrollarse y criar aquí sus familias.

Precisamente, además de los habituales ciudadanos que la declaran su lugar de nacimiento, existe un gran número de pobladores provenientes de poblaciones vecinas y otros puntos muy distantes en la geografía nacional, índice identificador de la atracción que ofrece Sunchales para levantar aquí la vivienda y hacerla una patria adoptiva.

Los acontecimientos no se precipitan de un día para otro; va degradándose la paz disfrutada con algunos hechos aislados y más tenues; tal vez manifestados en la escuela misma, ya que ella actúa como fuente de recepción de lo ocurrido en los hogares y la calle, hasta que se acentúan progresivamente situaciones de violencia o de usurpación de los bienes que no les pertenecen.

Ser amigo de lo ajeno supone vivir sin esfuerzo, durmiendo durante las horas de sol para emplear la oscuridad nocturna como pantalla protectora ante la acción deshonesta. El blanco de los delitos se ubica entre los verdaderos trabajadores, quienes hacen de la vida un camino de esfuerzo y objetivos conseguidos sobre la base de las energías enfocadas hacia acciones honestas y valorables.

“Quien roba, roba amor”, suele decirse y los libros de psicoanálisis dan ejemplos de niños y adolescentes que ante diferentes situaciones se apoderan de objetos apetecidos. Cuando el adulto ha superado ampliamente esas etapas previas y demuestra que el trabajo no figura entre sus objetivos cercanos, tomar como blanco al hombre, a la familia laboriosa que ha llegado a tener pertenencias o comodidades merced a la base del esfuerzo y los logros honestos, se constituye en su norma de vida. Otras veces, son las drogas las que actúan acentuando las actitudes agresivas

Que los sunchalenses ansiamos concluir con situaciones de inseguridad creciente es seguro y lógico. Ya no alcanzan las alarmas, las rejas, los perros guardianes, los tapiales altos, etc. , aunque han crecido la metodología y los elementos de prevención con que las autoridades se manejan como protección responsable de los habitantes. Pero no alcanzan y el pueblo se manifiesta. ¿Con quién? Con los más cercanos, lógicamente.

Sobrepasando esa línea están los intocables, aquellos a los cuales no podemos llegar y en realidad debieran ser los verdaderos y efectivos modificadores de la situación. Esencialmente, cambiando en el Congreso las leyes demasiado blandas e incomprensibles. ¿Cambiarán algún día? Porque parecen privilegiar a los facinerosos en perjuicio de la población honesta, saciada de malos momentos bajo el asedio de una creciente saturación de robos.

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