REP 140 – Los docentes, reunidos, para luchar por sus derechos

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Resumen del libro: «Apuntes para la historia de Sunchales», de Basilio M. Donato.

Además del abandono inconcebible en que se tenía al personal escolar en la parte de su economía, le cabía otro abandono mayor: la falta de contacto, de orientación y de estímulo de sus superiores jerárquicos y la carencia absoluta de contralor de su trabajo, recibiendo no obstante, memorandums de calificaciones, firmadas por el inspector de seccional, como la primera que guardo de recuerdo, en cuyas casillas figuran varios «regulares» y ningún «muy bueno», de un inspector que nunca vi, ni supe oficialmente quién fuera, salvo leyendo la firma al pie del escrito.

Todo se hacía a dedo y desde larga distancia.

Al comienzo de las clases, en el término de quince días, el maestro debía presentar a la Dirección del establecimiento, un cuaderno con el desarrollo analítico de los programas de su grado, comprendiendo todas las asignaturas, trabajo ímprobo, que el Director no podía revisar, enmendar o aconsejar a breve plazo, por consiguiente, poníale el Vo. Bo. confiado en la capacidad de su subalterno y de su responsabilidad.

Ni siquiera un Director podía relacionarse con los padres, pues se consideraba peligroso políticamente.

Cuando quise formar una especie de sociedad de padres, pues de cooperadores no se hablaba, ni se tenía una remota idea de lo que eso fuera, se me previno y aconsejó que no lo hiciera, pues sería meter la ingerencia política en los asuntos escolares. Continuamos con las Cajas Escolares, administradas por la Dirección del establecimiento, cajas que dieron motivo a varios sumarios, pues muchos Directores cargados de hijos distraían fondos para darles pan y luego no podían reponer lo sustraído.

Cada vez que los políticos necesitaban los votos de los ciudadanos, en sus tribunas de propaganda, valoraban la labor docente, prometiendo reformas sustanciales, mejores remuneraciones que nunca llegaron.

Esas mejoras, la liberación de la tutela política, la seguridad en el cargo, el reconocimiento de sus méritos, el progreso técnico de la enseñanza, lo obtuvieron los propios maestros, cuando, asesorados por otros gremios, comprendieron la necesidad de asociarse, presentar un frente común a la injusticia, llegar si fuera posible, hasta la huelga.

Personal docente de la Escuela N° 379 «Florentino Ameghino», circa 1913. Sentadas: Srtas. Sara Cardozo, Elida Peralta, Sra. Rosa de Sabatté, Srta. Margarita Mac y Sra. María Rivero. Parados: Sres. Daniel García, Pedro Sabatté (Director) y Santiago Bonaudi. Procedencia: Municipalidad de Sunchales (Museo y Archivo Histórico Municipal).

En Santa Fe, comenzó la campaña de liberación, con la presencia de un denodado maestro, el Sr. Raimundo Peña, quien reunió un núcleo de docentes, formando la Asociación del Magisterio de Santa Fe. En el Departamento Castellanos, tomó la dirección del movimiento que aglutinaba a los docentes, Don Leopoldo López, fundador de La Opinión y congregó a todos los docentes de la zona. De la misma manera, se asociaron los de Rosario, Cañada de Gómez, Venado Tuerto, San Cristóbal, Tostado, Reconquista y otras localidades, con los mismos propósitos gremiales, enunciados en una especie de plataforma, en la que estaban resumidos los anhelos de los docentes, en el orden económico, legislación escolar y justicia a su obra cultural.

Desde Sunchales, informamos a la central de Rafaela acerca de las penurias que sufría el núcleo de maestros varones de la escuela N° 379.

Le narramos lo siguiente: «que en una mañana fría del mes de julio, apareció en la escuela, el maestro de quinto grado Pedro Hormaeche, vestido con un piyama, pues los cacos le habían robado, esa noche, el único traje que cuidaba con tanta prolijidad para poder presentarse decentemente ante sus alumnos; que era urgente conseguirle una vestimenta nueva. Vecinos de Sunchales hicieron una colecta y le obsequiaron al maestro el traje, el cual aceptó, siempre que se lo cobraran en cuotas mensuales».

Informamos también la vida de parias que hacíamos aquí en Sunchales, los docentes, refugiados en las habitaciones de la casa del Director, sin poder salir, empeñados en cuidar la única ropa que nos daba presencia de gente sociable. Que al terminar las clases, diariamente subían a las habitaciones de la casa, quitándose los trajes y a modo de «chiripás» se colocaban toallones o se ponían la salidas de baño, aguardando que Don Dionisio Montalbetti les enviara la vianda y de noche, la cena; que una vecina les había donado un colchón de chalas de maíz cuyas hojas servían para armar cigarrillos con tabaco «Crispi» de 250 grs. cuyo costo era de 35 centavos y debía durar una semana por lo menos; que la ropa se la lavaban ellos y también se zurcían las medias; que los pantalones los colocaban debajo del colchón de la cama a fin de que conservaran la raya de moda, pues carecían de plancha; que la yerba del mate usada, solían ponerla al sol para una nueva cebada; que los sábados por la noche y los domingos, oíamos con tristeza los disparos de bombas del Cine Centenario, anunciando el comienzo de la función, a la que no podíamos concurrir, por carecer de un peso, precio de la entrada…

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