REP 144 – Regreso al magisterio (Parte IV)

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Resumen del libro: «Apuntes para la historia de Sunchales», de Basilio M. Donato.

Entre paréntesis, diré que Jaime Gil Tchopp, en Río Cuarto (Córdoba) se recibió de Escribano y luego en la facultad de la «Docta», de Abogado. Fue ministro de Bienestar Social durante el Gobierno de la intervención de comienzos de 1971 al 25 de mayo de 1973, en la ciudad mencionada. Ernesto Carabelli, se jubiló de empleado del Banco de Italia y Río de la Plata.

La última clase de química o fenómenos como se llamaba entonces, experimental, con los alumnos Manera, Bonetto, Molinari, Spesso y Olga Tomasso, fue destilar alcohol, obtenido de la fermentación del maíz.

Nuestro propósito era obtener alcohol de buen gusto (etílico); en cambio nos salió de mal gusto (metílico). El proceso fue exitoso, pero nos faltaba lo principal: el alambrique para la destilación. Teníamos tarro, estaño y el soldador; nos faltaba el serpentín. ¿Dónde conseguir un tubito largo de tres metros para el serpentín? Quedé extrañado cuando, a los pocos días, Manera, Bonett y Spesso, traían un tubo, de medidas exactas, para hacer el serpentín.

¿De dónde lo habían sacado? A mi pregunta, respondieron que se lo había facilitado Don David Tomasso, Director del Taller de Trabajos Manuales. Creí y cuando hablé con Don David al respecto, me dijo que él no había intervenido para nada en eso.

Alumnos y maestra del 6° grado A, turno de la mañana, de la Escuela Fiscal N° 379 «Florentino Ameghino». Maestra: Sra. Edosilda F. de Bonino (Libro del cincuentenario de Sunchales, 1936).

Preguntas tras preguntas, me confesaron que se lo habían robado a la Sociedad Italiana que tenía toda la instalación de gas de alumbrado del salón tirada en el patio, por cuanto el gas había sido reemplazado por la energía eléctrica.

Entonces vi a Don Bartolo Frencia, Presidente de la Sociedad, informántole de lo sucedido. Don Bartolo se rió de la ocurrencia de los muchachos y me favoreció más metros del cañito que necesitaba. Pero les recordé a mis alumnos que el 7° mandamiento dice: no hurtar.

De geometría confeccionábamos todos los poliedros con cartulina. El más difícil fue el icosaedro. Ante los reiterados fracasos de todos, optamos por abandonar al fastidioso icosaedro; ni el volúmen quisimos saber, pero su superficie, si.

Se aprovechaba en clase cuanta noticia extraordinaria aparecía en la prensa. Lo sorprendente fue el vuelo de un Zeppelín. Entre el aeroplano y el Zeppelín, surgió una controversia mundial sobre la ventaja de dos sistemas más pesados que el aire y el menos pesado, para seguridad de las personas. Triunfó la tesis del más pesado. El grado votó por este último sistema, por cuanto los dirigibles inflados a hidrógeno eran extremadamente peligrosos…

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