REP 145 – Regreso al magisterio (Parte V)

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Resumen del libro: «Apuntes para la historia de Sunchales», de Basilio M. Donato.

Manera y Bonetto proyectaron la construcción de una imitación del aeróstato discutido, utilizando para la ascensión el aire caliente, aprovechando el estado atmosférico favorable. Trabajaron dos meses dando forma al zeppelin, con cañas huecas y el forro con diarios viejos.

«Una tarde, con la sola presencia de los compañeros Olga Tomasso, Líbero Molinari y Leandro Spesso, se realizó el primer vuelo del Zeppelin construido en Sunchales, por los ingenieros Manera – Bonetto», frase de buen humor, por la razón de que, a cada experimento o trabajo práctico, iba unido implícitamente el término ampuloso del fabricante.

Lleno ya de aire caliente, poseídos de la expectación natural del momento, el globo, suelto en su momento oportuno, inició el ascenso parsimoniosamente, con la alegría de todos, máxime de sus constructores Manera y Bonetto.

Pero, el diablo metió la cola. Una ráfaga imprevista de viento inclinó el aeróstato y lo arrojó contra la rueda del molino del patio y al dar contra una de las aspas de la rueda, se inclinó aún más haciendo que prendiera fuego, diera una «vuelta carnera», cayendo luego sobre la azotea y sobre un alambre en donde la señora del Director había puesto a secar ropa, quedando las prendas muy maltrechas.

Grupo de alumnos y maestros de 5° grado A, turno mañana, de la Escuela N° 379 «Florentino Ameghino». Procedencia: Srta. Susana Michelino (Museo y Archivo Histórico Municipal).

¡Mejor es que disparemos, exclamó Spesso! Así lo hicieron mis muchachos pero yo me quedé esperando la aparición del Director, quien no ha lugar a dudas, iba a darnos una «filípica».

Andino era un buen compañero y comprendió que la desgracia nos había sucedido por igual: para él la ropa del primer bebé bastante estropeada y nosotros, la pérdida del primer zeppelin en una de cuyas partes decía Manera y en la opuesta Bonetto, creyendo ambos que, por lo menos, el globo llegaría a Tacural, conforme con el combustible calculado.

Había en el armario del gabinete de física de la escuela un carrete de bobina de «Runkorff», que había despertado la curiosidad de mis alumnos, sobre todo de Spesso, quien quería saber qué era eso. En su oportunidad les hice sentir los impulsos eléctricos de la bobina, sin prevenirles de qué se trataba. Formada la cadena, unidos por las manos, di a los que formaban los extremos de la cadena, las puntas de ambos cables y luego, la voz de atención. Hice funcionar el carrete una brevedad de segundo, produciendo la descarga eléctrica inesperada en los compañeros unidos por las manos, una exclamación de sorpresa, de disgusto y con pocas ganas de repetir. Esa sensación, les dije, es la común de la energía eléctrica, peligrosa en algunos casos.

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