REP 147 – Regreso al magisterio (Parte VII)

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Resumen del libro: «Apuntes para la historia de Sunchales», de Basilio M. Donato.

Cuando en las horas tranquilas de mi vida, de retirado de las actividades escolares, después de 34 años de servicios activos, surgen en mi mente los recuerdos de mi contacto con la niñez, pienso que la misión docente es agradable cuando se comprenden las inquietudes del niño que uno va a educar y se siguen sus intereses, tratando de satisfacer sus ansias de saber, tanto del intelecto como del espíritu.

Nada resulta desagradable cuando se le conoce, ni sus actos inquietan considerados indisciplinados.

Despertar el interés en los alumnos por su trabajo escolar, resulta fácil si se consigue que él se sienta actor, en lugar de un simple receptor pasivo de conocimientos a veces deshilvanados por las exigencias de un programa excesivamente enciclopedista que al maestro se le impone, bajo severa fiscalización directriz.

Alumnos y maestra de grado pre-escolar, turno de la tarde, de la Escuela Fiscal «Florentino Ameghino». Maestra: Sta. Lidia Gallo Montrull (Libro del cincuentenario de Sunchales, 1936).

Yo le sugería a un maestro de primer grado todo un programa sintético resumido en pocas palabras: Lectura, terminar con el libro; escritura, las palabras y frases del texto; cálculo, suma y resta; idea de repetir y repartir; ciencias, todo asunto que despierte interés en el niño y que sirva para su desarrollo sensorial y emoción espiritual. Y que Dios le ayude Sr. maestro, ud. sabe cómo desenvolverse, por cuanto posee un título de capacitación. Muchos docentes fracasan por falta de libertad, porque no se tiene confianza en él. Esclavo del horario y del exceso de orientación.

Cada grado tiene lo fundamental, lo esencial, una dosis que debe satisfacer el maestro y responder el alumno. Es el contrato que tiene con el Estado; por el cumplimiento de dicho contrato, recibe una paga mensual.

Yo tuve la suerte que mis superiores, me dejaran actuar con libertad. Hasta me ayudaron cuando necesitaba material de trabajo; no había tópicos, ni llevaba un cuaderno de ejercitaciones previas, pues ignoraba qué asuntos me iban a proponer mis alumnos para tratarlos de inmediato, o programarlos para el día siguiente, siempre naturalmente, dentro de los términos del plan que me correspondía desarrollar.

Mis muchachos tenían la libertad de expresarse, siempre que lo hicieran con rectitud.

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