Premoniciones y realidad

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Jorge L. Borges nos hablaba de un escritor que redactó varios capítulos de la obra de Cervantes, sin copiar ni transcribir. Ante tamaña realidad, ¿cabe preguntarnos sobre las rarezas de la literatura? En la actualidad, el mismo tema sorprende y maravilla a los lectores de un productivo novelista de Estados Unidos que ama el suspenso, el terror y también la ciencia ficción. ¿Por qué? Pues, porque hace nada menos que 40 años presagió lo que hoy estamos viviendo con el coronavirus.

Dean R. Koontz narró en una obra editada en 1981 “Los ojos de la oscuridad” la penetración en el mundo del siglo XXI, específicamente “alrededor del año 2020”, de un arma biológica llamada “virus Wuhan-400”. Las menciones a la epidemia figuran en el capítulo 39 y constituyen una trama secundaria del argumento.

Las premoniciones revelan la intuición o sentimientos que presagian un hecho a ocurrir en el futuro. El diccionario expresa que es “el anuncio de un hecho futuro a partir de la interpretación de ciertos indicios o señales por simple intuición”. Incomprensible quizás, maravilloso para otros, pero inimaginable para el común denominador de la humanidad. Bueno sería, en todo caso, prestar a veces atención a quienes nos marcan el futuro y desechar la desaprensión, especialmente en el tema salud, pensando “Acá no va a llegar”.

La desigualdad en los montos que dividen las inversiones de un país nos llevan al paroxismo cuando pensamos en asesores, custodios, gastos superfluos, invasión de extranjeros que reclaman beneficios y muchos salarios desproporcionados, comparados con presupuestos de educación y salud. Ante la arremetida feroz de una pandemia comprobamos la carencia de conceptos previsores, solidarios y humanitarios.

El “sálvense los que puedan” es común entre los argentinos. Los supermercadistas remarcan hasta el cansancio y los usuarios desabastecen los comercios buscando acaparar los recursos actuales y aconsejados para combatir lo que desgraciadamente se avecina. Una jungla. Quien no tiene absolutamente nada para vender porque depende de un salario, ¿cómo contrarresta la avalancha?

En España están haciendo reconocimientos públicos y masivos a los auténticos héroes de estos acontecimientos: los profesionales involucrados en el sistema de salud, seres anónimos que deben vestirse como astronautas para vincularse con los infectados que han recibido internación e incluso así no saben si quedarán inmunes ante la cercanía del contacto diario para tenderlos y procurarles el restablecimiento.

Ensalzamos las declaraciones de Maradona apoyando a River que no jugó; leemos a Messi emitiendo consejos; soportamos las discusiones de los caudillos del fútbol, así como el apoyo a la televisación para que se distraigan los mayores en casa, etc. etc. ¿Alguien agradece a quienes olvidan familia y descanso para paliar esta situación cuando se presentan los síntomas en sus pacientes? Les pagan para ello, sí, claro, cifras ridículas si las comparamos con otras enormidades… España se está acordando de ellos. En Argentina, silencio.

Seguramente, esta situación nos dejará enseñanzas, además de recuerdos dolorosos. Esas enseñanzas servirán para marcarnos el camino futuro. Y según un escritor británico (Clive Staples Lewis), “Dios susurra y habla a la conciencia a través del placer pero le grita mediante el dolor, porque el dolor es el megáfono para despertar a un mundo adormecido”.

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