La epidemia de cólera de 1894 en Sunchales

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(Por: Fernando Calamari *) – En 1894 reapareció esta enfermedad -consistía en una infección gastrointestinal grave causada por una bacteria-, en la provincia de Santa Fe. Afectó a ciudades y colonias agrícolas. En articulación con el gobierno provincial, la Comisión de Fomento de Sunchales (órgano de gobierno local) tomó medidas para evitar su propagación.

Se prohibió la venta de hielo, helados, frutas y verduras crudas, queso fresco y carne faenada en el día en el matadero público porque los animales estaban cansados y podían tener fiebre. Además, se negaron las carneadas y la comercialización de sus productos.

A esto se sumaba no permitir arrojar basura, mantener la limpieza en caballerizas y veredas, y la exigencia de enterrar a los animales muertos. Otra medida fue multar a los infractores y utilizar la fuerza pública a través del comisario y policías para hace cumplir estas disposiciones.

Sunchales tenía 1800 habitantes aproximadamente y el presidente comunal era Jaime Maristani, quien contaba con la colaboración de vocales. Estas autoridades eran designadas por el gobierno santafesino porque no se realizaban elecciones comunales y no percibían remuneraciones para ejercer sus funciones.

Dr. Miguel Piccone (a la derecha), primer médico de Sunchales, a fines del 1800. Los tiempos heroicos del médico rural. Sin electricidad y sin comodidad, había que operar y traer niños al mundo, hasta en las chacras, yendo en volanta, con frío y lluvias a lo que fuere, en caminos de tierra (Museo y Archivo Histórico Municipal).

La comunidad contaba con un médico y una partera privados, el primero atendía en su consultorio y a domicilio, esto último de igual manera que la segunda. Solamente funcionaba una botica (farmacia) que vendía algunos remedios. Se podía acudir también a curanderos y se producían remedios caseros, algunos eficaces y otros no.

La comunidad no contaba con atención primaria de la salud, como dispensario, y los casos delicados eran derivados a centros de salud de otras localidades, como Rafaela, Rosario y Santa Fe.

La Sociedad Italiana ofrecía a sus asociados el servicio médico y traslado a dichos centros sanitarios, lo cual colaboraba para paliar la aludida carencia. Los fondos públicos eran escasos para mejorar la rudimentaria estructura sanitaria debido a la debilidad del estado y existía desinterés de la población para colaborar económicamente.

En contraposición, parte de la sociedad donó dinero para construir la vivienda del cura y la flamante iglesia inaugurada en dicho año, además de mantener al eclesiástico. Sin embargo, fue la ciencia y la política, con sus medidas higiénicas y de educación sanitaria, quienes principalmente lograron con éxito -junto al apoyo de gran parte de la población-, que la epidemia no provocara víctimas.

(* Licenciado en Historia)

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