No habrá lugar para su olvido

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María Cristina Catalá de Perín, se alejó de este espacio terrenal el 28 de agosto de 2020.

No habrá lugar para olvidarla. Al que la haya rozado con su voz, su presencia o su sonrisa la tendrá siempre presente. Será estela en el camino de sus hijos y nietos quienes podrán evocarla con la misma alegría con la que enseñó a vivir

Porque cuando amasó su vida no separó las partes, sino que abrió intersticios para que pudieran moverse en su universo, un todo donde se podía abrevar saberes, consejos, donde encontrar serenidad, juicio crítico, templanza.

Fue compañera de un hombre que la admiró toda la vida, compartieron desazones y alegrías, enfrentaron desafíos fuertes y se amalgamaron en una familia fundada exclusivamente en la capacidad de dar.

Fue madre que hizo del corazón, el útero y recibió la vida para que sus hijos fueran fibras de su cuerpo. Mauricio y Natalia se mecieron en el cuenco generoso y amoroso de la mujer que hoy los ha dejado, colmados de ejemplos que sabrán atesorar. Fue abuela y multiplicó amor en tres soles frescos.

Fue docente de elevada profesionalidad dispuesta siempre a mirar los ojos de los chicos para entrar por ellos y entregarle algo más que los fríos saberes. Pasó por las escuelas N° 654 de Tacural, N° 6169 “General Savio”, N° 1212, N° 379, para concluir su carrera por ascenso en Supervisión Escolar. En cada territorio manejó con solvencia y equilibrio las situaciones que el sistema presenta y cultivó un sinnúmero de afectos.

No habrá lugar para olvidar su trayectoria educativa porque dejó la semilla de la inclusión y el respeto por las diversidades, porque puso siempre su mirada atenta a una escuela inclusiva y un mundo donde cupieran todos sin excepción. Trabajó para ese objetivo. Educó en las aulas y fuera de ellas, acompañó a quien lo necesitara y abrió caminos a nuevas vocaciones.

No habrá lugar para el olvido en las instituciones sociales, culturales y de bien público donde aportaba el ingrediente adecuado para establecer vínculos sinceros anudados al trabajo, la solidaridad y el bien común.

No habrá lugar para el olvido de la mujer amiga, constructora de entornos amables donde se cultivaban las palabras, consejo, reflexiones, miradas profundas o un suspiro largo, quizá para evitar crudezas, para suavizar posibles rispideces. No entendía la convivencia sin armonía, se esmeraba en restaurar cada una de las pequeñas grietas que pudieran abrirse. Tenía el dominio de evitar conflictos, de abrir espacios de diálogo donde alimentar el respeto por el otro. Cultivó la amistad, como tesoro.

No habrá lugar para el olvido de las largas horas estudiando para convocatorias de concursos elaborando unidades pedagógicas, proyectos… La anécdota se intercalaba entre mate y mate donde no faltaba el recuerdo de Laguna Paiva, lugar evocado con nostalgia y cariño.

Fue fiel a sus principios y sus valores y vivió sin separarse de sus sanas convicciones.  Viajera de sueños se marchó, joven aún, por senderos de mayores avenencias.

Escribo convencida de que no habrá detrás de mí ninguna palabra que la contradiga y porque  quienes hoy la despidieron unieron sus voces para exaltar su imagen de esposa, madre, abuela, honesta, inteligente, contenedora, amiga, compañera. Una voz resumió todo y me tomo el atrevimiento de compartirla: “Nos dejas optimismo, buen humor, alegría, nobleza, dejando una estela de luz a tu paso”.

No habrá lugar para el olvido, amiga. Siempre estarás con todos, en cada chico, en cada libro, en cada carcajada, en cada proyecto, en cada silencio, en cada pregunta. Vuela alto, querida Cristina, cálida persona. Vuelta alto, a sembrar la empatía, la tolerancia…

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