Cerrar un ciclo lectivo

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Despedir, concluir, cerrar una etapa, un ciclo, son momentos culminantes que marcan nuestras vidas. Dejan huellas en la memoria como perdurables instantes que marcarán el futuro con su sello significativo para las emociones y los logros en distintas facetas del camino emprendido.

Sobre nuestra trayectoria personal fuimos reuniendo momentos culminantes, definitivos, acrisolados con angustia o alegrías infinitas, tan señeros fueron en la cronología individual. Los encuadramos en el recuerdo; aquellos que, aún siendo grises, imprimieron sus huellas; u otros dichosos, exultantes, con una carga imborrable en el corazón. Todos caben y se acomodan en la cronología.

Un corolario fundamental fue la culminación de la escuela primaria, embrión vital para enlazar la profesión del mañana. Desprenderse de los compañeros durante siete años; abandonar el techo acogedor del recinto escolar; saber que no volveríamos, la incertidumbre del sendero a emprender.

En mi caso particular vivido en la escuela del pueblo fue un día desgarrador. Llanto fluido y contagio de lágrimas entre docentes y alumnos, como si fuera una separación definitiva de por vida, sabiendo incluso que seguiríamos viviendo en el pueblo. Pero era tan importante esa marcación, ese corte definitivo con una secuencia básica e inalterable, que marcó nuestros corazones y desbordamos en llantos.

Fue menos patético el final de la escuela secundaria pero no menos importante la obtención de un título que nos facultaría para actuar en el mundo laboral, capacitados por profesores responsables. Quizás la expectativa de retornar al terruño aplacaba la desolación por la clausura del estudio. ¿Viaje de egresados? No, en aquella época no se acostumbraba. Era más austera la vida, pero disfrutábamos lo mismo.

¿Qué recuerdos podrán acumular quienes cierran el ciclo lectivo 2020? ¿Y en realidad, se puede denominar «ciclo»? ¿Cuántos pasos se concretaron? Nada, ni siquiera un regreso mínimo con «burbujas» y austeras medidas de seguridad. Nada. Mientras en el mundo entero la educación fue considerada «esencial», en nuestro país no ocurrió así, incluso con la oposición de algunos gremios para facilitar la presencialidad.

Hoy abordamos la separación de compañeros, el simbolismo de concluir, la ausencia de un viaje final que en este presente es común e inolvidable, los actos de promoción tan emotivos y merecidos. Los contenidos incorporados dependerán de la región y las disponibilidades técnicas para todo lo virtual. Docentes responsables y padres comprometidos lo habrán hecho posible, pero sabemos que no se puede abarcar la totalidad del territorio argentino.

Una generación que jamás olvidará no únicamente la pandemia; también las decisiones y vaivenes, la ausencia de definiciones concretas para ubicar la educación en su verdadero pedestal.

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