Chela Lamberti: Haz lo que yo digo pero…

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Cuenta la historia que un excelente orador público, en representación del gobierno de facto a fines de la dictadura uruguaya, recibió a un grupo de delegados obreros que reclamaban por sus salarios. El orador respondió con un largo discurso, casi paternalista hacia los obreros, aconsejando que una buena administración hogareña podía resolver la situación, e incluso llevarlos al ahorro bancario, como en su caso. Habló también del sacrificio patriota, etc.

Su discurso fue interrumpido por uno de los obreros, quien depositó con fuerza una gastada alpargata sobre la mesa de negociaciones, diciendo:”- Yo, le hablo de esto, y no de los millones que son suyos”. Narra la anécdota: “Un ejemplo de filosofía insensible de las clases dominantes”. Algo que no responde solamente a la categoría de clases; también en un hogar puede ocurrir que el padre ordene normas a sus hijos, normas que él mismo no cumple y así podemos señalar el dicho: “Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”.

Busco la anécdota y la encuentro allá lejos en labios de Séneca, casi textual. En la corte del Rey Nerón interrogó sobre su “hacer y decir”:-“¿Por qué nos enseña que se han de despreciar las riquezas y Ud. las retiene? ¿Diríase que hablo de una manera y vivo de otra?”. Y hallo pródigas anécdotas relacionadas al ideológico equilibrista de Nerón, pero con esta es suficiente sobre conductas que borran con el codo lo escrito con la mano.

El ejemplo sirve para hablar de los jóvenes que necesitan modelos, no únicamente en la familia; también en la sociedad a través de múltiples actores. Sabido es que el adolescente tiene cambios de conducta: a) Quiere cambiar las normas; b) Elude las responsabilidades impuestas; c) Tiene una actitud negativa hacia las personas, etc., según la psicología.

Descargar sobre ellos el desborde y el incremento de los males que nos aquejan referente a la salud actual, nos obliga a recordar como contrapartida y en otro orden la ausencia de clases, de compañeros, del ritmo normal para la edad, los meses de encierro físico, la llegada de las vacaciones, etc. No son justificaciones, pero constituyen realidades para poner en el otro platillo de la balanza.

Y… ¿hemos sido coherentes, razonables, serios y formales, cumplidores con las normas emitidas? Reuniones de políticos, adultos y responsables de las estrictas normas impuestas; afluencia de miles de personas desaprensivas en el velatorio programado para despedir a un futbolista; manifestaciones populares; reiterada ausencia de barbijo en las más altas esferas… y el listado podría seguir. Como Nerón, ¿hablamos de una manera y vivimos de otro modo?

Para el psicólogo Vilapriño «es de la naturaleza del hombre que cuando te privan de algo, al dártelo cuesta mucho controlarlo, regularlo o manejarlo» o bien, si no te lo dan, «buscas intuitivamente lo que te prohibieron». “Esto es más viejo que el mundo”.

Conocer la Biblia también nos lleva a la realidad. Vivir sin hacer lo que ella dice nos convierte en exponentes del refrán: “Haz lo que yo digo… pero no lo que yo hago”. Para que las palabras y normas sean escuchadas, creíbles y dignas de ser llevadas a cabo, quienes las pronuncian deben dar el ejemplo. Sin esperar que nos pongan la rotosa alpargata sobre la mesa.

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