Chela de Lamberti: Recordar es vivir dos veces

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“Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es como vivir dos veces”, afirmaba Marco Valerio Marcial, poeta hispano – romano de la Roma imperial durante el siglo Uno de C. Cada vez que en nuestra memoria aflora algún pasaje ya vivido lo gozamos como en aquellos días que nos permitieron el sabor de alguna experiencia preconcebida como inolvidable.

Ciertos recuerdos están latentes en forma constante, ligados a la mente y al corazón. Otros, necesitan de una imagen, de la sepia de un retrato, de una voz en el teléfono y allí emergen; solamente se hallaban adormilados bajo el trajín cotidiano, prestos a germinar cuando una varita mágica accionara sobre el reservorio donde depositamos nuestras mejores vivencias.

El maravilloso mundo moderno de lazos extendidos que abarcan la integridad del universo no autorizan el olvido. Allí están desplegadas las redes que cruzan los océanos y nos vinculan al instante con esos seres que formaron parte de nuestras vidas en alguna etapa de la línea unidireccional para aniquilar distancias, oquedades, intersticios, leguas del cosmos y hacernos sentir otra vez el abrazo fraterno, ver los rostros de la infancia, escuchar la algazara de nuestros recreos y los encuentros de la juventud.

Es maravilloso sentir y saber que los alumnos diseminados en países de Europa aún nos recuerdan y se conectan; otros en naciones más cercanas y amigos que recuperamos merced a la tecnología para reconocer nuestras familias, admirar fotografías y escuchar sus palabras a través de mensajes de voz… como en aquellos tiempos, cuando la cercanía era una riqueza diaria.

Si pensamos en quienes se niegan a penetrar en ese universo porque temen o no les interesa, porque se quedan en la comodidad y la amarillez de aquello que aprendieron y este esfuerzo es demasiado complicado, o piensan que es un terreno donde solamente los jóvenes pueden intervenir… ¡qué pena! ¡Cuántas riquezas se pierden, aquellas adormiladas en el cofre de los ayeres!

El calendario en estas semanas me ha nutrido las facultades de la memoria con la gente amada de mi pueblo natal y con la maravilla de un celular que naturaliza la cercanía de un compañero de escuela primaria. Todo vuelve a ser actual: el patio, el aula, los juegos, el estudio y aquellos amaneceres de las vacaciones, cuando en la pista del Club Independiente resolvíamos la disputa del tenis con paleta, antes de que el sol vaciara su fuego sobre nosotros, varios aventureros. Se corporiza el ayer y tiene aún la energía de aquellos años.

¿Debe afligirme una hermosa edad porque huyó en las huellas del almanaque? No. Un breve encuentro y ya un largo recuerdo atesora el alma, rica y libre. Mi memoria es un paraíso donde los dones se sustentan con vida propia.

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