Chela de Lamberti: Gaby, aquel niño rubio y jovial

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Aquel niño rubio y jovial que veíamos corretear por el amplio patio de la escuela Ameghino exhibía cualidades que quizás no todos supieron ver, pero ya su desenvoltura pudo haber proclamado en el aula o sobre el escenario en algún acto alusivo sus dotes innatas, esas que cultivadas luego en ambientes y claustros propicios florecieron y prosperaron.

En psicología, hablamos de florecimiento cuando vemos crecer a alguien en riqueza espiritual, actoral, en sentirse plenamente vivo, siendo creativo, capaz de superación en cada etapa del camino elegido, sin desmayos ni sombras. El sendero ascendente de ese niño ha sido inquebrantable y hoy va jalonando éxitos que comparte con aquellos que fuimos partícipes de su niñez, la escuela, la vida en la ciudad pequeña, junto a los amigos del barrio y los compañeros del aula.

Lo ponderable de su conducción teatral es ya signo visible y renovado. La transmisión de sus dotes y erudición es una tarea de jardinero prolífico y plausible porque quienes se deslizan y despliegan el arte en escena muestran evidencias palpables de haber asimilado no solo sus instrucciones, sino que también manifiestan soltura creativa, histrionismo particular y superador en cada obra recibida por las tablas de Sunchales.

No todos aquellos que parten un día en busca de cátedras y objetivos mayores regresan a sus lares con las motivaciones y las manos pródigas de semillas como lo son las de este labriego fecundo llamado Gabriel Fiorito. Aquí están sus raíces y jamás las ha olvidado. La vendimia recogida en Buenos Aires la dispersa en su terruño, para que otros puedan encontrar y saborear las mieles de una actuación destacada, aplaudidos y vitoreados por quienes un día fuimos sus docentes, sus compañeros, sus vecinos y amigos.

Y la ciudad se pone de pie. Las manos palmean el éxito rotundo. Por el director y los intérpretes; por aquellos que detrás de los pliegues del telón también son insustituible parte activa en la ejecución concluyente. Las voces circulan y la complacencia se proclama. No importa la pandemia; pudo haber dilatado los tiempos, pero finalmente en el cielo brilló el sol. Y ahí estuvimos, firmes y expectantes.

El teatro se ha instalado ya en el escenario de nuestra Sociedad Italiana, inmemorial ámbito con trayectoria cultural. El calendario hilvana meses venideros y nuevas exhibiciones de “nuestros” destacadísimos artistas. Henchido el pecho de plenitud, nuevamente los sunchalenses ponderarán la obra, al elenco y a su director, quienes nos regalan sus dones.

El arte no está solo en los Museos. “El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana. Al hacerse humana habla, grita, llora y se desespera”; esto afirmaba Federico García Lorca. Gracias a Gabriel, por compartir sus riquezas en nuestro ámbito y permitir “tantos poemas derramados en palabras, risas y llantos” inundando la ciudad que lo viera nacer y lo recibe con los brazos abiertos, colmados de orgullo.

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