Chela de Lamberti: Recibamos los marzos

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Descuelga su hoja el almanaque y asoma marzo con toda su fuerza impulsora, cargada de recuerdos y pasos que se reiteran año tras año. Aflora en la memoria un antiguo poema de mi amiga Griselda Bocco donde, precisamente, despedía los marzos y se titulaba: “CONVOCATORIA: Recojamos hermanas los marzos // que quedaron colgados de los sarmientos.// Hermanas// la mora aún se abrocha //en el patio de laberintos naranja, // permanece// amarillo el horizonte// sobre la brevedad de los días// y hay olor a ligustro.// El invierno se acerca //hermanas.//Recojamos los marzos”.

Quedó grabado para mí y me genera respuestas íntimas que se abrochan también en aquellos antiguos patios de verdor y amplitud, fragancia y sabores, arquitectura de azadas y riegos de padre afanoso por dar a su familia los frutos de la tierra y la cosecha de su desvelo. Pero los marzos me traen reminiscencias de encuentros, abrazos, estreno de cuadernos y lápices, aquellos mágicos olores a libros flamantes, ansiosos de que nuestras manos abrieran sus páginas para incluir en ellas la avidez de las miradas. El guardapolvo almidonado por manos amorosas de madre lucía su blancura y el lazo en el pelo sujetaba la rebeldía de una melena muy dorada.

Todo se ponía en marcha. Como si un poderoso motor accionara su palanca y los impulsos generaran las actividades más diversas que darían vida a una población, a las ciudades, al país en su integridad. Atrás quedaban el ocio, el monótono sonido de las cigarras en los ligustros, las largas siestas perezosas con el agobiante peso del verano asolador y las noches donde los niños dormíamos despreocupados pero los mayores soportaban el rigor descargado durante la tarde desde el oeste sobre las paredes de la alcoba. Sin luz eléctrica aún en el pueblo después de medianoche.

Un capítulo se clausuraba y abríamos la puerta al tercer mes del año. Hoy repetimos esta acción cada doce meses, ansiosos por volver a encontrarnos con la rueda del dinamismo, las vocaciones hechas realidad, el honor del trabajo, la responsabilidad montada sobre nuestra conciencia. Todo vuelve a bullir y el verano perezoso declina su reinado de fuego.

Nos robaron un marzo. La pandemia nos impulsó al ostracismo y se esfumaron además el otoño, el invierno y toda su continuidad en la agenda rutinaria. Nada volverá pero está en nosotros recuperar la magia de aquellos días de sonidos fructíferos, alboroto y júbilo infantil en las aulas, traqueteo en las calles, persianas de negocios que se abren, gritos de repartidores y velocidad de automóviles.

Regresarán las acciones fecundas de la sociedad toda y el almanaque reanudará su hábito de concluir etapas dejando improntas, las que siempre han distinguido a nuestra ciudad. “Recogeremos los marzos” y la magia del otoño inundará nuestras calles de amarillez con sonidos quebradizos de hojarasca y los frutos lucirán su dulzor en las huertas. Llevaremos una vida más recoleta, íntima tras nuestras paredes hogareñas, pero por decisión propia.

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