Mariquita Sánchez de Thompson y el himno interior

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Óleo de Pedro Subercasseaux (1909).

El 11 de mayo se conmemora el Día del Himno Nacional Argentino. En esa fecha, la Asamblea del año XIII sancionó como «Himno» a la marcha patriótica que llevaba letra de Vicente López y Planes y música de Blas Parera. Este día, nos lleva rápidamente a la figura de Mariquita Sánchez de Thompson porque el relato sostenido durante años fue que en su casa se cantó por primera vez el Himno Nacional.

En realidad, existen dudas acerca de si la marcha patriótica se ha cantado por primera vez en su casa, o es solo leyenda, pero la tradición lo ha puesto en texto como verdadero. Es posible que, siendo Mariquita una mujer de la alta sociedad, con una familia solidaria a la causa independista, haya ofrecido su hogar para tan emotivo momento.

Ese es el hecho que pobló páginas de miles de libros, pero Mariquita tuvo roles muchos más destacados en la historia de la independencia; roles que incomodaban en las costumbres tradicionales y por ese motivo, la historia, le otorgó el lugar de lo privado: anfitriona a la hora de entonar el himno, porque lo público estaba reservado al hombre.

María Josepha Petrona de Todos los Santos Sánchez de Velasco y Trillo, era su verdadero nombre; pertenecía a la alta sociedad colonial. A la hora de la emancipación americana era muy joven, pero se sintió convocada por las ideas emancipadoras. Tuvo activa presencia en la vida política de la época; le importaba todo lo que ocurría dentro y fuera de su territorio. Conversaba y discutía sobre temas que en esos tiempos les eran vedados a las mujeres. “Se entendía mejor con los hombres”, leí en un informe y me lleva a pensar que las mujeres debieron marginarla por sus actitudes transgresoras.

Si en su casa se cantó el himno, a pocos días de ser aprobado, no fue solo un acto de cumplimiento social, sino que fue un desafío más de la mujer comprometida con la causa de emancipación. Mariquita no fue una mujer común. Para la época era considerada “loca”. Se casó con su primo Thompson, contra la voluntad de sus padres quienes tenían reservado para ella un comerciante rico. Mariquita llevó el caso a juicio de disenso destinado a los rebelados por sometimiento familiar.

El conflicto se presentaba al virrey y éste dirimía ante el hecho. Para los comienzos del siglo XIX, actitudes de esta índole, en una joven mujer presagiaban rasgos de heroína. ¿Quién se habría animado a tanto? ¿Desobedecer una decisión de esa índole? Pues, Mariquita lo hizo echando mano a una ley.

Por pertenecer a una clase social alta, su residencia fue elegida para entonar el himno, sin negar que fue un gesto de audacia. El Himno, escrito por Vicente López y Planes de más de 60 versos describía con exacerbado romanticismo la gloria de la independencia. Sus estrofas mostraban una España rendida a los pies de la nueva nación. Se levanta en la faz de la tierra / una nueva gloriosa nación / Coronada su sien de laureles, / y a sus plantas rendido un león. Mariquita debió sentirse consustanciada con esa letra que gritaba “Libertad, libertad, libertad” y con seguridad quiso colocarse en el centro de un hecho histórico, tal vez advirtiendo que sería lo único por lo que se la reconocería en un mundo dominado por los hombres.

Es verdad que algunos historiadores han hecho honor a esas damas heroicas, Felipe Pigna es uno de ellos, no obstante, pocos argentinos conocen sus verdaderas identidades.

En épocas de luchas independistas, no ha sido la única. Muchas mujeres como Mariquita Sánchez de Thompson fueron madres, esposas y líderes patrióticas, aunque la historia durante muchos años adhirió sus personalidades a la de un hombre, un hecho, un momento. A Mariquita le cupo ese derecho porque en su casa sonaron las perínclitas notas del Himno Nacional Argentino, aunque en su interior tarareara más fuerte la emancipación de las mujeres.

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