La tormenta de Santa Rosa: ciencia y religión

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Foto: Internet.

Agosto camina despacio sus 31 días. Es el mes que despide al invierno, es un mes de vientos, como si en él se hubieran amontonado todos los huracanes de la vida. Rinde homenaje al emperador Augusto, que eligió este mes para que llevara su nombre debido a que fue cuando derrotó a Cleopatra y Marco Antonio, sus mayores enemigos. Inicialmente constaba de 30 días y se llamaba Sextilis.

En agosto esperamos la tormenta de Santa Rosa, un temporal que se presenta los últimos días de agosto, luego de un veranito audaz. No siempre ocurre, porque según investigaciones sólo se da unas 16 veces cada 142 años en la provincia de Buenos Aires, no obstante, todos esperamos la tormenta y cualquier viento, por esos días, lleva su nombre.

La historia que la mistifica es la siguiente: En 1615, corsarios holandeses habían atacado el puerto de El Callao, cercano a Lima, las autoridades de la iglesia católica les pidieron a los pobladores que elevaran rezos en todos los templos. La población entraba en pánico, pero Isabel Flores de Oliva, sin perder la calma, elevó sus súplicas desde la capilla de San Jerónimo. Y en ese momento se desató una fuerte tormenta que impidió el desembarco pirata, y la ciudad quedó a salvo del ataque. ¿Quién era esta mujer? Se trataba de una religiosa peruana de la orden de los dominicos.

Los corsarios holandeses querían nada más, ni nada menos, que apoderarse de Perú, pero la tormenta los obligó a abandonar sus planes, según la leyenda. Hoy, se conoce que el capitán del navío enfermó gravemente y esto precipitó a la tripulación a desistir del ataque. Sea como fuere, por tormenta o por enfermedad, el ataque no se dio y los creyentes empoderaron a Isabel.

Ahora sabemos también que la tormenta tiene causa natural. Paola Salio –investigadora del CONICET y del Centro de Investigaciones del Mar y de la Atmósfera – explica que la tormenta se da porque: “Es la época en que arranca el flujo de humedad que llega desde el norte. Consiste en una corriente de vientos que transporta la humedad del Océano Atlántico hacia el Amazonas, y de allí hacia el sur, bordeando la cordillera de los Andes”.

Seguramente es lo que ocurrió en 1615, sin embargo, los cristianos siguieron adjudicándole a los rezos de Rosa el milagro ocurrido, aún después de las investigaciones, porque es indudable que los seres humanos necesitamos apoyarnos en símbolos, en signos, en creencias, en la Fe para conformar nuestro propio diccionario de respuestas. En este caso, los fieles limeños atribuyeron esa tormenta a los rezos de Isabel, quien luego se convertiría en Santa Rosa de Lima, primera santa de América Latina.

Ciencia y religión son dos caminos que pueden transitar paralelos y permitir que cada ser pensante las tome y los anude; no hay lugar para contiendas. La naturaleza gana todas las batallas y la oración sirve para calmar los propios vientos. Dos fuerzas poderosas para sostener el equilibrio de la humanidad.

El poder de la oración es un impulso interpelante, sacude las fibras de quien reza. El orador tiene una profunda Fe; se hunde en una bahía para encontrar el milagro o al menos un movimiento de energía lo suficiente poderoso como para tranquilizar y atraer respuestas a las angustias y temores. Se hincha el corazón de los creyentes que oran; se sienten protegidos y sosiegan sus dolores en cuentas de rosarios. Es admirable esta pasión por orar. Un fuego inexplicable.

Agosto se irá y regresará en tantos calendarios y cada uno de nosotros señalará en sus días los anuncios de la tormenta que detuvo a los corsarios, pero para los devotos a Santa Rosa es un día de oración, de “desbaratar las penumbras en bahía de Fe.” (Chela R. de Lamberti. 2000).

Agosto en homenaje a Augusto, mes de 31 días, ventoso, frío, entrega su potencial 2021, sin embargo, los lapachos se animan a enfrentarlo y ya vemos la ciudad colorearse de rosas y amarillos.

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