Chela de Lamberti: Elecciones y candidatos

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Unos días antes de que el sol alcance el cenit en el ecuador terrestre- llamado también cúspide o cumbre- los argentinos tendremos en las manos la posibilidad de modificar o mantener nuestro destino. Precisamente diez días previos al equinoccio de primavera que desde el 22 de septiembre nos lanzará hacia un período de mayor sosiego y mejor clima por abandonar los rigores del invierno.

El acto eleccionario del 12 de septiembre predispone nuestro espíritu para una tarea de relevancia, excelente oportunidad para que los ciudadanos comunes podamos expresarnos en consonancia con nuestras ideas y desde allí decidamos los destinos de cada pueblo y de la nación toda. Será, eso sí, como un “ensayo”, algo primario para anticipar lo que sucederá luego en los sufragios definitivos.

Incomprensiblemente, existen quienes no comulgan con este derecho y deber, analizándolo como una carga molesta que preferirían omitir, cuando en realidad representa la oportunidad de tener el libre albedrío de decidir de acuerdo a nuestras convicciones. Otros, recurren al consabido “No me interesa la política”, o “No sé nada de política”, negándose a confirmar la realidad y actuar como habitante responsable de este suelo, interesado por el bienestar de la comunidad, por el futuro de su familia, entendiendo que la vida toda gira alrededor de la política y de las decisiones que se tomen.

Un día de elecciones significa estar dotados de esa enorme responsabilidad para decidir; tener un voto en la mano como trofeo para entregarlo a quien merece nuestra confianza, depositando en la urna nuestra convicción como libre mecanismo para dirigir la brújula del destino nacional. Pensando en los pueblos oprimidos y en las mujeres del planeta que no gozan de autonomías, vemos como ponderable la incidencia de nuestro parecer incluido en una boleta introducida en ese receptáculo que se nos ofrece en el acto eleccionario.

Es un día de fiesta. O debiera serlo. Nos dedicamos a premiar o castigar. Elegir o rechazar… y con total determinación individual. Con la mente y el corazón enfocados en la enorme responsabilidad que asumimos como seres adultos, capaces de razonar, evaluar y decidir en consecuencia.

Desconociendo muchas figuras lejanas para la integración de listas nacionales, contamos con la cercanía de los candidatos locales. Hijos de este suelo o no, pero que conocen la realidad cotidiana, las necesidades y apetencias de la ciudad. Recorren y auscultan, preguntan y se interesan porque cada problemática les concierne. Y así, la tarea para el elector se hace más fácil por ese contacto casi diario con quienes se postulan.

En las grandes ciudades los candidatos también transitan los barrios y exploran situaciones. Pero concluido el acto eleccionario, las distancias los apartan y a veces las promesas se diluyen en la vorágine de los días. Aquí, en la patria chica, los encuentros cara a cara son cotidianos. Aquí, sabemos de qué cepa está constituido cada candidato. Todo es más cercano y hay un breve trecho que nos separa para seguir conversando y planteando requerimientos.

Rostros jóvenes, entusiasmos sinceros, proyectos lúcidos sobre los cimientos de necesidades exploradas; desde la pantalla, la radio y el periodismo escrito hemos ido conociéndolos y aplaudimos el entusiasmo y el compromiso asumido. Así como reprobamos los destrozos de cartelería como fanatismo de quienes no entienden y describen con la agresión sus sentimientos más grises que los rebajan como ciudadanos.

Para nuestros candidatos sunchalenses auguramos la satisfacción de sus empeños y aplaudimos las decisiones de intervenir responsablemente en esta próxima contienda electoral.

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