Si preguntas por qué voy a sufragar…

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Foto: Internet.

Dentro de pocos días el país hace un alto para concurrir a elecciones de término medio, primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias. La edad desobliga a los mayores de 70 y cuando me preguntan por qué concurro a las urnas, me molesto.  Aunque no tenga obligación, participo, me comprometo. Mi voto representa mucho más que la elección a un candidato. Tengo razones de orden histórico estimulantes para no ser espectadora.

En primer lugar, voto por los años en que los gobiernos militares cercenaron nuestro derecho a elegir y ser elegidos. Porque nos hundieron en décadas de autoritarismo, de proscripciones, de dictaduras y de guerras inútiles.

Sufrago, y en ese acto democrático rindo homenaje a hombres y mujeres de mi tierra.

Voto por la lucha de los partidos políticos de fin del siglo XIX y principios del XX que bregaron por elecciones transparentes, por erradicar el fraude sostenedor de la oligarquía porteña en el poder, considerándose los únicos capacitados para gobernar (los notables).

Voto por las revoluciones y abstenciones que la Unión Cívica Radical llevó a cabo hasta lograr la Ley Sáenz Peña que otorgara derecho de elegir y ser elegido.

Voto por Julia Magdalena Ángela Lanteri, médica, política y feminista italo-argentina quien en 1911 realizó una presentación judicial donde reclamó que se le reconocieran sus derechos políticos como ciudadana. El fallo de primera instancia, le fue favorable y se convirtió en la primera mujer incorporada al padrón electoral argentino y la primera en votar.

Voto por Don Hipólito Yrigoyen, primer presidente llegado al poder en 1916, con el voto secreto, obligatorio y universal (sin mujeres), mediante la legitimidad que le proporcionó la Ley N° 8.871 (1912), conocida como Sáenz Peña.

Voto por Alicia Moreau de Justo, mujer visionaria que en 1932 preparó un proyecto sobre voto femenino, aprobado en la Cámara de Diputados y rechazado por la de Senadores.

Voto por Eva Perón, la que luego de las elecciones de 1946, comenzó a hacer abierta campaña por el voto femenino, a través de mitines de mujeres y discursos radiales, al mismo tiempo que aprovechaba los espacios que le proporcionaba su influencia dentro del peronismo para lograr la ley de sufragio femenino. Finalmente vio luz con el número 13010.

Voto por los hombres que acallaron las voces de otros ocupantes de bancas cuando esgrimían argumentos discriminatorios hacia las mujeres, considerándolas inferiores con el solo objeto de no permitirles el sufragio.

Voto por mi madre que, en 1951, tenía cuarenta años y pletórica de alegría estrenó la libreta otorgadora del derecho a elegir.

Voto por todos los que lucharon por el recupero de los derechos desde distintas facciones políticas.

Voto por los soldados que dejando sus vidas en las aguas del sur abrieron el camino hacia la democracia; no pudieron gozarla.

Voto por quien rescató el Estado de Derecho en el país, el Dr. Raúl Alfonsín.

Voto por la libertad de la que gozo, porque me gusta ser parte de las decisiones y no de las críticas solamente.

Voto por los que no pueden votar y querrían hacerlo.

Y voto porque sigo creyendo es que es un día de fiesta ciudadana y sufragar es algo más que cumplir con una obligación, es ser parte del todo que quiero mejorar, mas allá de las baterías políticas.

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