Chela de Lamberti: Frappé Concert – Música, danza y teatro

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Como esas semillas que, adormecidas o incipientes, aguardan la mano pródiga del sembrador que vendrá a rescatarlas para introducirlas en la hondura del seno perteneciente a la entraña fecunda. Como el diamante que aguarda años su formación dentro de la roca fundida del manto de la tierra para transformación del carbono que constituye su génesis antes de ser convertido en joya por el orfebre.

Así, los sunchalenses dotados –sin saberlo quizás- de valiosas condiciones teatrales, despertaron un día sobre el escenario, espacio eminente donde revelarse sin límites, crecidos y confiados; donde interpretar frente a un público conocido y a la vez crítico esas obras ensambladas o plasmadas bajo la magia de la inspiración cercana y tangible, proveniente del brillante sembrador y orfebre llamado Gabriel Fiorito.

Era el niño que vimos corretear por el patio soleado de la Escuela Ameghino, el compañero y amigo en los claustros superiores, el joven que partió un día en exploración de nuevos horizontes. El que jamás olvidó sus raíces y dotado de cepa genuina desplegó el caudal adquirido con generosidad aquí en sus lares, convencido de hallar materia rica y maleable para convertir la incipiente realidad en actuación destacada.

Los sunchalenses hemos comprobado ya en numerosas oportunidades lo que Gabriel puede lograr con quienes, ansiosos y confiados, se acercan a él para recibir del maestro la consigna conductora pero también la libertad de explorar en sus capacidades hasta producir desde el ingenio propio, la excelencia de la actuación desplegada por un personaje abordado.

Frappé Concert nos trajo en la sala de la Sociedad Italiana de Sunchales el sortilegio de un género nuevo durante dos noches de primavera recién estrenada. Mayoría de público joven y los adultos mayores nos engarzamos al ambiente festivo, novedoso, dispuesto en forma original para atraparnos desde el hall e incluirnos entre los espectadores efusivos, deleitados y prestos al aplauso continuo.

Desde la música, Claudia Garrini, Lita Daga y La Frulo Rabbit Band, conformada por Angie Socin, Tato Gómez, Tony Socín, Leo Gómez y Gero Palacios. En la danza, estilo Theater Jazz: Sofía González, Carolina Guzmán, Catalina Pistarino y Martina Culasso, dirigidas por la excelencia de Susana Rizzotto. Se vivieron momentos verdaderamente recreativos y otros de profunda emoción por los temas interpretados y las voces eximias de quienes cantaron sobre el escenario.

Cuatro representaciones – a cuál más original y rayana durante ciertos momentos en lo descabellado- atraparon al público y mostraron la solvencia en gestos, matices de voces, compenetración con los personajes, desatados y colosales en algunos pasajes, exorbitantes y a la vez fabulosos, capaces de originar entre los espectadores más circunspectos la risa festiva y desenfrenada.

Sergio Gauchat, Roberto Cerri, Cecilia Gonella, Ariel Manning, Adriana Garrone, Solana Hernández, Elizabeth Suárez, Pablo Gamero, no tienen nada que envidiar y se podrían convertir en rivales de afamados exponentes de la televisión o el teatro nacional. Ellos interpretaron “La espera” de Gaby Fiorito; «Patter” de Pablo Albarello; “Bernarda, una verdad amarga”, de Analía Mayta y “Vilma y Pedro”, de Gaby Fiorito, sobre una idea de Solana Hernández y Pablo Gamero.

El público colmó la sala en las dos presentaciones, aplaudió con entusiasmo y solicitó ampliación del temario perteneciente a la Band. Partió llevando consigo la alegría de las horas vividas y pudo establecer cálidos vínculos en la sala preparada a través de mesas compartidas. Además de un profundo orgullo. Genuina satisfacción que proviene del reconocimiento ante el patrimonio actoral de nuestra gente, guiada por un director valioso. Bajo su conducción de jardinero, las semillas culminaron la espera y se trocaron en aromadas y hermosas flores, así como el diamante ostentó su presente de alhaja, entre las manos del artífice que retornó a su cuna.

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