A 58 años de la máxima consagración de Vicente Cipolatti

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Sin lugar a dudas, aquella caravana ingresando por el acceso principal de la incipiente ciudad, debió haber sido numerosa y altamente emotiva. No era para menos, el «Gringo en Alpargatas», don Vicente Cipolatti venía de imponerse en la 25° edición de las 500 millas de Rafaela.

Insistir en que dejó su nombre marcado a fuego equivale a evocar uno de los logros del deporte motor más grandes que tuvo la región. En 1963, además de ganar las 500 Millas Argentinas, obtuvo el título de Sub Campeón Argentino de su categoría, a sólo un punto de diferencia de su amigo y rival, Ramón Requejo.

De esta forma avanzaba la vida de quien desde pequeño se acercó a los motores para ya no alejarse, dando sus primeros pasos en los talleres de la agencia Ford de Luis Siccardi.

Años atrás, Mirta Rodríguez junto a un grupo de estudiantes de la escuela «Benjamín Matienzo», lo retrataron de esta forma: «Con sus ocasionales rivales, Chente no sólo tenía notorias diferencias en cuanto a recursos económicos, medios mecánicos, sponsors importantes y valiosas publicidades, sino también en cuanto a la indumentaria que usaba en cada carrera. Nada de buzo antiflama, ni de calzado especial; sólo una camisa y pantalón común, una campera (tipo anorak), algo parecido a unos guantes, pero no los que habitualmente utilizan los corredores profesionales y eso sí: ¡Alpargatas! Como si estuviera en su casa y no compitiendo en los circuitos más exigentes y con los rivales más destacados del país.

Así era de humilde y sencillo, este sunchalense al cual ni el triunfo ni la derrota le alteraban su vida cotidiana. Por eso, en Sunchales, no extrañó a nadie verlo al día siguiente del triunfo en las 500 Millas Argentinas, inmerso en la rutina de la estación de servicio que, frente a nuestro principal paseo público, la Plaza Libertad, tenía con su hermano Lorenzo».

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