Chela de Lamberti: ¿Portar la Bandera ya no será una distinción?

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Sergio Raúl Ziliotto es un político argentino. Desde el 10 de diciembre de 2019 es el gobernador de la provincia de La Pampa. No nos interesa el partido político. Sí nos incumbe su desacertada decisión. El Ministerio de Educación funciona en el segundo piso de la Casa de Gobierno, en la ciudad capital llamada Santa Rosa. ¿El nombre el Ministro? No lo sé, pero seguramente es responsable de tamaña decisión. Claro, asesorado por un largo séquito de colaboradores.

Sorpresivamente (y cuando creíamos que ya nada nos sorprende en nuestra Argentina) nos enteramos de que en la lejana provincia patagónica de La Pampa han borrado (aniquilado, demolido, desbaratado) la figura del abanderado en todos los niveles de la educación pampeana.

¿Distinguir a un alumno porque tiene mejores notas? ¿Destacar a quien es responsable, cumplidor y comprometido con el estudio? ¿Realzar el nombre y la figura de aquel que además del empeño y la inclinación por el estudio concentrado, obtiene destacados resultados numéricos? Todo parece actualmente ser contraproducente, nada meritorio ni factible de ponderación. La escala de valores pasa a ser pisoteada. O mejor, palabras que se borrarán del vocabulario.

La bandera deberá ser “de todos”, no importará si de verdad merecen portarla, si el estudio acredita visiblemente aplauso o crítica, si la conducta es ejemplar o desastrosa. Deberá pasar por las manos “de todos” para cumplir así con el mandato de la “inclusión”. Nivelar para abajo, le llaman. Desbaratan los deseos de superación, la acción de emular, de luchar por un progreso, de imitar a los compañeros destacados y responsables. ¿Para qué ser el mejor?

Hay situaciones dentro de la convivencia escolar y las normativas que dan oportunidades a todos los alumnos, como puede serlo el acto de izar la bandera o arriarla al final del día. Generalmente alguna acción destacada desarrollada durante la jornada amerita esa distinción, por pequeña que sea pero sirve para destacar y tomar posesión de la bandera frente al grupo de compañeros y la docente. Incentivos en menor escala, pero son alicientes como recompensa frente a otro nivel de logros. ¿Entre Ríos también? ¿Estamos frente a una nueva pandemia?

La institución también tiene su representatividad frente a la población en actos públicos, fechas patrias, acontecimientos relevantes que demandan la presencia de las instituciones educativas y culturales. Igualar hacia abajo desmerece el acto de la superación, denigra el concepto de “estudioso, colaborador, educado, responsable”. Valores que pasarán a ser meras palabras con sentido hueco.

Como cuando éramos niños, el paño celeste y blanco roza nuestras manos, nos viste, nos rodea y cubre; el asta se afirma en medio de nuestras manos aferradas con emoción a su madera. Apoyamos nuestro rostro en ese género que “supimos conseguir” como si nos acariciara. Al escuchar los primeros acordes patrióticos la elevamos para ubicar el asta en la cuña y se produce una simbiosis, todo se vuelve una sola entidad. Es la Patria que nos envuelve, nos acuna y tutela. Absolutamente, la Patria.