Cuando se escribe “Desde el alma”

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Foto: Griselda Bonafede.

“Desde el alma” es el libro que presentó Héctor (Etín) Ponce el pasado martes en el C.E.T. de ATILRA. Tuve el privilegio de estar presente y consustanciarme con el propósito del autor.

El título es un paratexto que permite inferir el contenido y el que oficia de puente, para empezar a conciliar al autor con el lector, iniciar ese imaginario contrato antes de sumergirse en las páginas de un libro. De pronto me pareció un poco exagerado. Se me ocurrió que elegir ese título impone un compromiso con el contenido porque escribir desde el alma implica desnudar tiempos, emociones, relaciones, es decir, mostrar lo que muchas veces ni siquiera cada uno de nosotros se atrevería a nombrar, a evocar. ¿Podemos escribir desde el alma? La pregunta quedó en retórica hasta que pude internarme en sus páginas.

Uno de sus prologantes, a quien admiro, Felipe Pigna, anticipa que es ”un texto variado, mucho más preocupado por seguir el sentimiento y la necesidad de decir del autor que conformar un estilo predeterminado”. Desde ese lugar comencé a entender de qué se trataría y por qué sería “Desde el alma”.

Desde el alma están narrados sus relatos, hechos vividos, observados, sufridos y conservados en lugares propicios para que cuando se alertaran los recuerdos pudieran expresarse lo más fieles posibles.

Por ellos pasan la familia, base fundamental para iniciar el desguace del alma, los amigos, la infancia, el primer amor, ese que creemos único y el Otro, ese Otro constitutivo que se pone en el camino, interpela, provoca, obstruye o ayuda, posibilita, entiende y complementa; el Otro que nunca puede estar disociado de su vida por que él mismo es ese Otro, que se busca, se encuentra y perfecciona.

Héctor Ponce junto a Adrián Noriega durante la conferencia de prensa.

No es casual que su primer relato esté dirigido a “Maradona: el unicornio del fútbol”. Maradona ha sido el genio de la pelota capaz de unir los más variados desencuentros, dentro de una cancha de fútbol. Es el personaje que acerca al narrador con la vida que nos toca transitar. Diego estuvo lejos de ser perfecto (¿quién lo es?), pero fue lo que pudo ser y lo hizo “desde el alma”.

La idea de ser lo que uno puede, es retomada en “Angelita y Luis”, los padres, quienes, como muchos, fueron progenitores sin que nadie les enseñara cómo hacerlo y dieron lo que pudieron: un amor en gestos, en signos, en consejos.

Familia con carencias, de esas que hoy en el mundo de consumismo parecen magnificarse, pero que fue la normal en muchísimos hogares; lo justo y necesario, poco más que eso; fue el nido protector pleno de simbolismos. Hoy el autor comprende a esos padres imperfectos, aunque capaces de dar desde el silencio, desde el dolor, desde los problemas. Los recuerda y evoca tales como fueron, porque los trae “desde el alma”.

Los abuelos son otro motivo para enlazar el “se es como se puede” y la implicancia que tiene en relación con el contexto, con quienes nos rodean. Se es como se puede, pero se “es” aún a sabiendas de los errores y en esa lucha los seres humanos vivimos colgados de los afectos y queremos seguirlos cuando nos abandonan.

El protagonista no reniega de sus orígenes, ponerlos en papel les permite buscar por los vericuetos del mundo interior y salir a éste, pródigo y generoso, pero “sin mensurar la altura…”. No se cuenta la vida desde el lugar más alto, ese lugar indefectiblemente, obviará simplezas o crudezas. La vida se cuenta “desde el alma”.

Un momento de la presentación del libro en el auditorio del CET de Atilra.

Ninguno de sus relatos está exento de pasión; si los personajes son seres de su entorno, habrá ímpetu y coraje, habrá algún dolor y alguna alegría, alguna rabia escondida, alguna satisfacción disimulada; habrá una circunstancia que los hará mejores, o les dejará un gusto amargo, pero será porque actuaron “desde el alma”.

Se percibe en cada uno de los relatos el indómito deseo de transmitir el valor de aprender desde las cosas cotidianas, desde el lugar alejado de los claustros, que inyectan sabiduría porque se aprende.

La segunda parte “Aforismos”, son páginas donde las emociones dibujan las palabras y serán ellas las que ofrecen al lector la posibilidad de mirar hacia adentro. ¿Por qué aforismos me pregunté? Luego, comprendí que a veces es necesario acotar el pensamiento, ajustar con precisión lo que se cree. Es un modo económico, pero profundo de expresar una sentencia. En ellos el lector puede buscarse y encontrarse en los vericuetos de su propia existencia. Por la soledad, por el poder, por la libertad, por las utopías, por la felicidad o por los límites o las esperanzas, cada aforismo le rozará las fibras porque están escritos “desde el alma”.

Finalmente respondo a la pregunta inicial y obtengo la respuesta desde las mismas páginas: un libro escrito por un líder, un líder que decidió reunir sus decires, compartirlos, conversarlos, porque “los líderes jamás se refugian en trincheras donde habitan excusas” y sabe que se escriben “Desde el alma”.

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Griselda Bonafede.