«Otoño Feliz» un abrazo, un árbol y todo el futuro venturoso por delante

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Cumpliendo con una nueva etapa dentro de los festejos por sus primeros 25 años de vida, el Hogar de Ancianos «Otoño Feliz» desarrolló una emotiva jornada, la cual estuvo cargada de simbolismos y reconocimientos hacia quienes, hace dos décadas y media, tuvieron la visión acertada de comenzar a desarrollar este espacio tan querido para la ciudad.

Mirian Barraza de Ferrero, su actual Presidenta, destacó en este sentido que hace 32 años se conformó la primera Comisión, pudiendo siete años más adelante, dar un paso trascendente al comenzar a ofrecer servicios de manera formal en este espacio ubicado en barrio Moreno. Ese fue el eje de las actividades organizadas, reuniendo a ex Presidentes (entre quienes estuvieron presente Claudio Ristorto, Norberto Pellegrino, Jorge paz, Henri Berardi y Alicia A. de Giraudo), colaboradores, familias y quienes estuvieron presentes en diferentes momentos de la historia del Hogar.

Al momento de poner nombres propios, no faltaron las alusiones a los arquitectos Rodolfo Chiavarini, Norberto Vicentini y Francisco Poux, quienes llevaron adelante la construcción del edificio. También se destacó «a los jóvenes que hace 25 años pensaron en cómo llamar a esta casa, por esos años alumnos de la escuela primaria: Germán Scavino del colegio San José y Lucas Scapino, de la escuela Manuel Nicolás Savio. Entre ambos formaron el nombre “La Casa del Abuelo… Otoño Feliz”.

«Queremos reconocer la labor fundamental de las familias para poder sostener el Hogar. Por eso pensamos en ese abrazo simbólico, como una forma de aunar afectos de personas que intervinieron y al mismo tiempo, generar energía positiva, tejiendo la historia de esta institución. El abrazo genera cuidado, protección, el latido diario de todas las personas que le dan vida a esta institución, que son los residentes», comentó Barraza.

Un árbol de gran significancia
La ceremonia de plantado de un árbol, desarrollada también en el espacio exterior del Hogar, estuvo cargada de emoción. En la misma intervinieron representantes de distintas áreas, quienes a lo largo del tiempo participaron activamente en diferentes roles.

Tal como consignó desde la conducción Mónica Ravazzani, se trata de quienes tuvieron «ideas audaces que se transforman en hechos, metas que, una vez fijadas, son perseguidas por hombres y mujeres que no repararon ni reparan en obstáculos, que no se quebraron ni quiebran ante los contratiempos persiguiendo su quimera hasta convertirla en realidad».

«El Otoño -prosiguió- como cariñosamente lo llamamos, cumple 25 años de vida institucional. Si hacemos una analogía, ésta se asemeja a un árbol. Su raíz un acto de entrega que ha crecido y fructificado y su espacio, nido que cobija, que cuida, que protege. Simbolizando este momento queremos que sea un árbol quien represente esta gesta. No es un árbol común, se trata del Ginkgo Biloba o árbol de la vida».

«La historia nos dice que un año después del estallido de la Bomba de Hiroshima, en la primavera de 1946, cerca del epicentro de la explosión que destruyó a la ciudad entera, un viejo Ginkgo Biloba destruido y seco empezó a brotar transformándose para toda la humanidad un símbolo del renacimiento, de la vida, de la vida misma que transcurre en la Institución. En Japón también se lo llama “portador de esperanza”. De sus hojas se extraen productos medicinales muy beneficiosos para la salud, especialmente de las personas mayores, pues ayudan a irrigar adecuadamente los tejidos, la mente y el corazón. Vaya similitud con la labor del Otoño Feliz. El gingko proporciona un raro enlace entre las floras del pasado y el presente como sentimos que se entrelaza el presente y el pasado, la historia misma de nuestra querido Otoño Feliz», concluyó.

Un emotivo cierre con música
El cierre de las actividades organizadas estuvo representado por la música pero no a través de cualquier género, sino aprovechando la reciente creación del Coro Independiente de la Sociedad Italiana, el cual dirigido por la profesora Lilian Onisimchuk y tiene la particularidad de interpretar canciones en italiano.

De esta manera, se cerró un círculo perfecto, enraizando la cultura con nuestros orígenes itálicos y evocando situaciones que despertaron recuerdos en los actuales residentes.

Luego, por último, llegaría el momento de compartir un té con el personal, directivos, ex integrantes del espacio y con quienes estuvieron y están acompañando a esta institución cargada de futuro.