Los chicos no son los de antes…

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Fiesta del Colegio San José, circa 1911 (Museo y Archivo Histórico Municipal).

“Los chicos y los jóvenes no son como los de antes”, se oye decir a menudo. La expresan personas de todas las edades, entonces ese “antes” se torna dudoso. ¿Cuál “antes”? Inevitablemente, llego a las antiguas culturas en busca de argumento. Los griegos, brújulas para encontrar los nortes, nos dicen que para ellos es una etapa de desarrollo y aprendizaje. La formación del ciudadano griego empieza en esta etapa. El niño, una masa fresca moldeable, preparada para aprender las leyes de las polis y aportar a ella (como esclavo, político o guerrero). Aplican severidad, destinada a algunas clases y obviamente a los varones. La infancia no tiene significatividad propia; se trata de un período que dará paso a la adultez y por eso se inculca disciplina. El niño y adolescente, seres sin voz.

Los romanos, prácticos y resueltos, endurecen esta postura. La infancia es una transición, un período que debe superarse y olvidarse; lo importante es la adultez. ¿A quién le podía importar un niño o un adolescente?

El Medioevo (S. V-XV) dominado por la Iglesia Cristiana, presenta al niño como adulto en miniatura que no merece atención. Nada los diferencia; la infancia es un pasaje sin importancia. Forma inmadura de un adulto. De todos modos, las familias tienen muchos hijos los cuales aseguran brazos para el trabajo y la preservación de la especie porque el “Mundo Sagrado estaba ya creado y no era posible cambio alguno a lo ya dado».

El tiempo de la Revolución Francesa y las revoluciones industriales abren el camino de la Modernidad. La infancia comienza a ser nombrada. Jean-Jacques Rousseau, escritor, pedagogo, filósofo, nacionalizado en Francia pone su mirada en la niñez. En su obra “Emilio” refleja el valor de este período que le antecede a la adultez. En el mismo dice: “Nos quejamos del estado de la infancia y no vemos que la raza habría perecido si el hombre no hubiera empezado por ser niño”. La idea genial de Rousseau sigue su rumbo y la niñez se torna un tema de abordaje, no obstante, su voz sigue silenciada.

Pero las sociedades no son masas inertes, cambian, modifican paradigmas, interpelan… En el proceso de transformaciones aflora todo lo que pretende ocultarse, relativizarse o mantenerse inamovible.

A comienzos del siglo XX, a causa del estado de vulnerabilidad en la que se encuentra esta franja etaria; la Asamblea General de Naciones Unidas aprueba la Declaración los Derechos del Niño, ratificada en 1990, pero no alcanza para solucionar el problema, la infancia sigue estando en manos de adultos donde no todos son protectores.

Viñeta de «Mafalda», la tira cómica de Quino (Imagen: Internet).

Finalmente, en el siglo XXI, la Ley Nacional 26061 (2005) y la Ley provincial 12967 (2010) cambian totalmente el paradigma. Sacan a la infancia de su estado de protección irregular para darle el Estado de Protección integral. La diferencia la establece el contexto familiar -social en la que muchos niños y adolescentes carecen de la protección adecuada en el marco de la potestad.

¿Qué dice la Ley y hacia adónde se dirige? Camina hacia la conformación del niño sujeto de derecho, poseedor de autonomía progresiva: proceso gradual que lo lleva de la infancia y adolescencia a la mayoría de edad, trayecto en el que un adulto, cualquiera sea, lo acompañe en el crecimiento independiente.

Los jóvenes profesionales de nuestra ciudad, se ocupan de que se cumpla la letra de la ley y nos dejan tranquilos. Los chicos no son como los de antes y cada vez más se alejarán de cualquier “antes” que estemos pensando.

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Griselda Bonafede