La fotografía es ciencia y arte. Ambas en manos de un fotógrafo pueden despertar las más sublimes emociones o los más exacerbados rechazos. Sin pensar demasiado, todos nos sentimos fotógrafos a la hora de captar el momento que nos parece supremo para atesorar y de hecho, actualmente, los celulares permiten recoger sensaciones por doquier.

El 19 de agosto se celebra el día mundial de la fotografía. Este día se estableció por iniciativa del fotógrafo australiano Korske Ara, porque desde el 2007, a instancias de este hombre se organiza un concurso de fotografías donde puede participar quienquiera y cuya recaudación se destina a organizaciones para la atención de la infancia.

La historia de su invención nos remite a Francia, año 1824, donde el científico francés Joseph Nicéphore Niépce obtuvo las primeras imágenes fotográficas inéditas: la fotografía más antigua que se conserva es una reproducción de la imagen conocida como «View from the Window at Le Gras» (Vista desde la ventana en le Gras), obtenida en 1826.

Vista desde la ventana en Le Gras, primera fotografía permanente tomada con éxito por Joseph Nicéphore Niépce en 1826 (Foto: Wikipedia).

Pero, será Daguerre quien logra la fotografía sobre superficie pulida, desestimada por su antecesor, Niépce, y que le dará el espaldarazo para el lanzamiento de los llamados daguerrotipos.

A América latina llega el 21 de septiembre de 1849, precisamente en Uruguay y tres años más tarde, a Buenos Aires. Por esos tiempos gobernaba Juan Manuel de Rosas, por lo tanto, no asombra que su hija Manuelita tuviera enseguida su daguerrotipo; la imitaron Mariquita Sánchez de Thompson, Florencia Varela y el Almirante Guillermo Brown y su esposa.

Manuelita Rosas en un daguerrotipo realizado entre 1844 y 1846 por John Elliot (Foto: Museo Palacio Dionisi).

El acceso a un daguerrotipo no era para todos; solamente la clase acomodada, con holgura económica podía permitirse ese lujo, el que, por otra parte, dejaba constancia del estatus social al que se pertenecía. Contar con él era como una joya; pieza única e irreproducible.

Demás esta decir que, por este condicionamiento no abundaban los clientes para los fotógrafos, nuevos profesionales, quienes viajaban de una a otra ciudad en busca de posantes para sus obras de arte.

La historia de su avance y perfeccionamiento no cesa, aunque será en 1975 en que, de la mano de Kodak, aparece la primera cámara digital de fotos de la historia inventada por el ingeniero Steve Sasson. El mundo fotográfico dará un giro completo.

Steve Sasson junto a su invento del año 1975: la primera cámara digital (Foto: Internet).

La digitalización, que no necesita proceso de revelado, en los últimos años, produjo una gran evolución en la sociedad. Se conoce que ha solucionado muchísimos problemas, algunos que desconocemos y otros que, por haberse incorporado a nuestra rutina, no percibimos, pero lo más destacable de todo el proceso es el uso masivo de la fotografía. No se necesita pertenecer a una clase social para contar con una imagen o miles de ellas. Todos podemos obtener una foto, guardarla, mostrarla, llenar las redes, si así nos gusta. ¿Única e irreproducible? ¡Cuán lejos ha quedado!

Algunos especialistas señalan que las fotos son una perfecta combinación de lenguaje, medio de comunicación y arte, pero para esa conjunción de disciplinas, se necesitan verdaderos artistas, ojos avezados, capaces de apropiarse de los rasgos más relevantes de la escena y hacer que la imagen sea voz, comunique, ejemplifique y produzca sensaciones.

El fotógrafo de verdad no se conforma con un punto de vista común, el que cualquiera puede captar. Hace lo que sea necesario para crear escenas con impacto. Puede acostarse, arrodillarse, arrastrase o columpiarse, si eso le asegura el éxito de su composición.

Los avances no se detienen; seguirán apareciendo innovaciones, pero siempre será necesario un ser humano que, desde su perspectiva, ofrezca la plenitud de una imagen. Eso son los fotógrafos.

Si bien el día del fotógrafo se celebra el 21 de setiembre, día en que llegó a América el primer daguerrotipo, quiero saludar a todos ellos, especialmente a Diego Rosso quien aporta las imágenes que acompañan las columnas quincenales. Su capacidad de adecuación no tiene límites poniendo en sincronía lenguaje, medio de comunicación y arte. Gracias.

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Griselda Bonafede