¿Dónde van los años que transcurren? ¿Por qué arterias huyen vagabundos, sin retorno?

Explicamos los cambios, enumeramos sucesos, hechos ocurridos en los tiempos, testimoniamos gestas pretéritas y dejamos que la mirada retroceda a ese antes distinto, para poder describirlo, pero él ya no existe. Se ha empinado entre ramajes y echó vuelo.

Las celebraciones obligan a ese retroceso y por un minuto necesitamos detenernos, quedarnos allá en los momentos primigenios del acontecimiento porque fuimos actores primarios o secundarios en episodios que sucedieron. El tiempo encerrado entre manillas, se encargó de sacarnos de escena, pero más tarde, las mismas agujas viajeras nos reponen para testificar ayeres y completar la obra.

Esta semana, un evento sacude la memoria, la quita del letargo y un sinnúmero de interjecciones buscan describirlo. En nuestro barrio SanCor. La escuela N° 1212 cumple 45 años, ámbito educativo que en la incipiente primavera de 1977 llenó el aire de la Avenida Belgrano con ecos novedosos.

En plena dictadura militar -1977- los supervisores escolares tenían la función de detectar necesidades inminentes o a largo plazo, de centros educativos, en los pueblos o ciudades bajo su intervención. La Señora Berta Giacosa, supervisora de la sección, en ese tiempo, presentó al Ministerio de Educación, el proyecto de dos escuelas: N° 1212 y N° 1213. Su mirada visionaria hizo que se crearan ambas dentro de un mismo expediente; solo que la primera en iniciar sus actividades fue la N° 1212.

Retrocedemos hasta encontrar la huella del recuerdo, entonces relatamos: “La escuela funcionaba en la casa de Héctor Stucky, inmueble sin estrenar por su dueño. No eran muchos los alumnos, así que las aulas eran suficientes para que, aun sin holgura, se trabajara. Por esos días, el sector Este, entre el 700 y 800 solo mostraba una vivienda, la que interrumpía un paisaje de sucesivos terrenos ociosos. En ellos y con solo cruzar el cantero, las maestras organizaban el recreo, momento de esparcimiento para los alumnos. Sobraba espacio para el juego».

De pronto aparecen las preguntas retóricas para un hoy reclamante: “¿45 años ya?” “¡Cómo puede ser!” “Los viví…” “Recuerdo lo que pasó y a veces tan nítidamente que me parece que fue ayer”. “¿Dónde se fueron los años?”.

Pregunto: ¿Qué atajo del camino hizo que de pronto hayan transcurrido velozmente esas décadas? Buscamos argumentos para justificar que los años se van sin avisarnos, que los otoños apagaron juventudes…

Siguen las evocaciones, cabalgan para enlazar las distancias: “Y después se construyó el edificio por calle Formosa y se poblaron sus aulas y después y después…”. Por momentos se disfruta del recuerdo colectivo.

En cada situación evocativa, buscamos en los intersticios de la memoria para reencontrarnos, redescubrirnos protagonistas o testigos, en un reloj detenido en el tiempo.

Como seres humanos, buscamos siempre respuestas. La pregunta vuelve siempre a ¿Dónde se fueron los años? Nos sumergimos en la infancia, en la adolescencia dispuesta a rebelarse, en los adultos que se fueron sin decirnos adiós, en las calles que elegimos caminar a causa de veredas defectivas, en nosotros testigos de un tiempo que otros desconocen. Necesito que esos años errabundos justifiquen su paso. Me carcome la ansiedad para saber y no quiero pregunta retórica.

¿Dónde fueron los años?
En algún rutinario paisaje se durmieron las jornadas.
Cabellos al viento cedieron paso a melenas decorosas.
En qué baldío del tiempo se enredaron lazos con verbenas.
Dónde están los años del fuego encendido
entre ropas livianas
mientras el arrullo de palomas
desordenaba la mañana.
Nuestros brazos fueron cuencos
que se colmaron de amor y emociones.
En qué sutil armonía se encaramaron las nanas.
Se marcharon con semanas de ajetreo
mientras creíamos alcanzar el horizonte.
Quién les abrió la puerta a los sueños
para mudarlos por melancolía.
El planeta se apura.
Desregula las horas
Y cada día es un antes nostalgioso.
¿Dónde fueron los años?
Y la pregunta sucumbe en la nueva primavera.

Los 45 años de la escuela 1212 nos gritan que nada pasó en vano y este hoy es muestra de un ayer de entregas solidarias de muchas mujeres y muchos hombres hacedores de historia. Feliz cumpleaños.

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Griselda Bonafede