Dijo Arthur Miller, dramaturgo y guionista estadounidense (1915-2005): “El teatro no puede desaparecer porque es el único arte donde la humanidad se enfrenta a sí misma.”

El teatro es una expresión artística acunada en Grecia. Pioneros en la escena dejaron un legado rico en obras teatrales. A través de la representación de mitos, los griegos condensaban las respuestas a sus preguntas. En sus comienzos los personajes del teatro eran solamente hombres que usaban máscaras adecuadas a sus roles.

Teatro griego (Imagen: Internet).

Aristóteles consideraba que la principal característica del teatro es la imitación de la realidad o mímesis y el diálogo el elemento fundamental de la representación. Según el filósofo, la labor de los actores en una acción permite un grado de identificación por parte del espectador, quien a través de las representaciones, se emociona y se siente tipificado.

Los pueblos prehispánicos también producían teatro. Antes de que llegaran lo españoles practicaban sus propios rituales, festivales y ceremonias que incluían bailes, cantos, poesías, canciones, escenificaciones teatrales, mimos, acrobacias y espectáculos de magia. Los actores eran entrenados, usaban disfraces, máscaras, maquillaje y pelucas. Tenían, sobre todo, carácter religioso.

Cada manifestación del arte es producto de un contexto social; el teatro, sea comedia o tragedia, no escapa a esa influencia. Las puestas en escenas intentan mostrar hechos socialmente significativos. Episodios resonantes de la política han acaparado la atención de escritores y guionistas.

Las obras de teatro se pueden leer. Son textos escénicos que les exigen al lector un esfuerzo extraordinario: imaginar la escena, decodificar los sistemas de signos que funcionan en el texto (la palabra, el tono, la mímica, el gesto, el movimiento escénico, el maquillaje, el peinado, el traje, el accesorio, el decorado, la iluminación, la música y el sonido), pero imaginándolos. Leer una obra de teatro obliga a no omitir las didascalias porque son las guías para la imaginación. Es una lectura sin mediación de terceros.

Escena de la obra «Made» (Foto: Diego Rosso).

En cambio, presenciar una obra de teatro, implica otras cosas. Se trata de resignificar la materialización de las escenas, los hechos que el autor -guionista- quiere mostrar y que el director con creatividad, desarrolla, produce y dirige. El espectador, aunque en silencio, tiene que reponer lo que no se dice, lo que hay que suponer y relacionar, lo que cada cambio significa. Los actores los guían con gestos, tonos y proxemias.

La imaginación que usa para leerla, tiene que aplicarla para reposiciones, anticipaciones y relaciones subyacentes. Recomponer la historia con la mediatización de otros es una tarea intelectual, pero también un tiempo de goce y desarrollo intelectual.

Por eso, un público respetuoso es necesario, pero también lo es aquél que se compromete con la temática, que se introduce en la piel de los personajes, que desea participar de la escena porque también se siente protagonista, que contextualiza y saca conclusiones como si fuera real, en fin, el que deja aflorar las emociones.

Retomo a Miller para desear que Sunchales pueda sostener el elenco teatral que dirige Gabriel Fiorito, para que el colectivo social tenga acceso a crecer dentro del arte teatral. Sunchales lo merece.

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Griselda Bonafede