Recuerdos y más recuerdos, la historia del clan de la familia de Jorge Audero

Por: «Chocho» Audero

Capítulo I
Todo tiene un principio, todo tiene un comienzo. Actor principal: un italianito de apenas diecisiete años, que se llamaba Jorge Audero.

Nacido en Italia de la vieja Europa, el 19 de mayo de 1897, en Sonmaría de Bosco, una comuna italiana, situada en la provincia de Cuneo, en la región de Piamonte, hacia el norte del país. Se encuentra a unos 35 kilómetros al sur de Torino, y a unos 45 kilómetros al norte de la capital de la provincia. Se la considera La Puerta de Monteu Roero.

Hijo de Luis Audero y de Teresa Ambrosio, que también tuvieron tres hijas menores, las cuales lamentablemente fallecieron siendo muy jóvenes y un hijo más, llamado Ambrosio, al igual que el apellido materno. Aquí comienza la aventura de Jorge.

Un señor que tenía cargos en la política italiana y era a la vez muy amigo de Luis Audero, les comenta que Europa estaba a punto de estallar en una guerra. Guerra que realmente fue en el año 1914, y recibió el nombre de Primera Guerra Mundial. Además, les dijo y aconsejó, que había una próxima emigración hacia América.

Jorge (Yors), con 17 años, debió aprovechar la emigración, porque de lo contrario, hubiese sido incorporado para defender al país durante la guerra. Era preferible el tenerlo lejos, a miles de kilómetros vivo, que al choque bélico, sin saber si sobreviviría o no. Ambrosio, con 15 años de edad, no sería reclutado.

Luis planteó esta situación, y la convenció a su mujer Teresa de la emigración de Jorge. Seis años después, ellos pasarían a ser nuestros abuelos italianos, que nunca conocimos.

Mientras Jorge fue prácticamente embalado junto a otros jóvenes adolescentes, sin dinero, sin conocer el idioma, con un cajón de madera usado como bolso, con poco y nada de ropa, subió al enorme barco, lleno de gente desconocida. Viajaron casi 60 días rumbo a América, precisamente hacia el puerto de Buenos Aires, Argentina.

Pero allí no terminó su travesía: lo destinaron a un pueblo llamado La Francia, provincia de Córdoba. Dentro de los 100 habitantes, habían dos paisanos italianos, que eran los encargados de cuidar y mover unas máquinas trilladoras a vapor sin motor. Lo tomaron a Jorge de empleado, para trabajos múltiples.

De ese pequeño grupo de habitantes, la mitad eran criollos que tenían por costumbre estar siempre armados con filosos cuchillos. Para ellos, era alegría y fiesta hablar únicamente de matar o sacarle las tripas a alguien, y más cuando tenían algunas copas de más. Estos criollos ya le habían puesto el ojo al nuevo gringuito, que no les caía nada bien, por notar que los dos italianos lo apreciaban mucho.

El gringuito italiano Jorge, con toda su juventud y ganas de vivir, no tuvo mejor idea que encontrarse y pasarla por de más bien con la mujer de uno de ellos. Se descubrió casi inmediatamente el encuentro de ambos, y en la pulpería que había en esa zona, un criollo que decía ser el marido de esa mujer, tomaba y gritaba a viva voz: «Esta noche mato al gringuito, lo hago mierda, le voy a dar por hacerse el pícaro con mi mujer». Los dos italianos que lo apreciaban tanto a Jorge, supieron enseguida lo que decía el criollo.

El hecho fue que los italianos ayudaron a Jorge a salvar su vida, le dijeron: «Esta noche tenés que dormir en la tubera de la máquina, nosotros te damos este bastón de madera dura para defenderte. El criollo a media noche vendrá a encontrarte, como ya sabemos, bien tomadito y hablando, como acostumbra, en voz alta. Vos en esa tubera estás a dos metros de altura, lo vas a esperar, y cuando pase por acá, tenés que estar decidido a darle con el bastón, bien en la cabeza, para desmayarlo o tal vez matarlo». Y eso fue lo que sucedió finalmente.

Los italianos prepararon una jardinera, tirada por dos caballos, y llevaron a Jorge a la zona de Vila, del Sr. Francisco Ingaramo, quien ya había sido avisado. Este señor, junto a su hermano Franco, eran verdaderos caudillos. Ejercían la función de estafetas, es decir, llevaban las correspondencias, encomiendas y dinero. Eran un correo ambulante. Viajaban con volantas de la época, tiradas por caballos, atendiendo una gran zona, parte de la provincia de Santa Fe y parte de la provincia de Córdoba.

Estaban los dos hermanos armados hasta los dientes, con revólver de primer calibre y escopeta, para defenderse si algún grupo los quería asaltar, en el largo trayecto que realizaban. Siempre corrían ese riesgo.

Después de la golpiza que le dio Yors al criollo, por suerte luego de muchos meses le informaron que éste seguía con vida. Fue un alivio para Jorge el saber que no había matado a nadie.

La historia del gringuito Jorge continúa. Don Francisco Ingaramo, casado con Margarita Tessio, tuvieron nada menos que veintiún hijos, entre mujeres y varones. El último nacimiento fue una mujer, a la que llamaron Venturina.

Esa madrugada, los dos italianos con el gringuito, llegaron a la casa de Don Francisco Ingaramo. Le presentaron al italianito Jorge (Yors), que con su juventud, su voluntad, sus grandes ganas de trabajar, fue conquistando el cariño de Don Francisco. Éste lo empezó a tratar como si fuera un hijo más.

El gringuito, con sus enormes ganas de vivir, se fue enamorando de una de las hijas del matrimonio de Francisco y Margarita. La hija fue llamada Antonia Petronila. Cuando se tuvo el conocimiento del romance de ambos, Francisco aceptó con mucho agrado que Jorge fuera su yerno.