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Los teatros de Buenos Aires: Teatro Apolo (1892-1960) (Tercera nota)

El teatro Apolo estaba ubicado al 1388 de la Corrientes angosta y fue diseñado por el arquitecto italiano Andrea Simonazzi. Contaba con una capacidad para 1.000 espectadores y fue inaugurado en 1892.

Inexplicablemente el teatro fue abandonado y hacia 1901 sus puertas volvieron a abrirse. Responsabilidad de esta nueva etapa debe atribuírsela a los hermanos Podestá. Éstos eran uruguayos y llegaron a la Argentina de la mano del circo nacional Rafetto. Los Podestá arribaron con posterioridad a 1865 y allí nació el espectáculo circense criollo: una primera parte dedicada a los payasos, trapecistas, malabaristas y una segunda donde se representaban historias relacionadas por lo general, con temas gauchescos y populares que constituían en algunos casos verdaderos sainetes.

Los hermanos Podestá convinieron dividirse en dos grupos: Gerónimo se instalaba en el Teatro de la Comedia y José alquilaba el Apolo reconstruyéndolo, habida cuenta su estado edilicio deplorable.

José Podestá y sus hermanos comenzaron las actuaciones en el teatro Apolo hacia 1901 con la obra “El payador” de Emilio Onrubia (h), siguieron luego con “Ensalada Criolla” de Enrique Demaría, para continuar con “La piedra de escándalo” de Martín Coronado, el sainete “La lotera” de Enrique Demaria, “Abajo la careta” de Enrique Buttaro, “Gettatore” de Gregorio de Laferrere, entre otros; estas representaciones tuvieron vigencia hasta 1904.

Hacia 1905 se estrena “Facha bruta” cuyo autor es A. Fontanela con la actuación de Florencio Parravicini y Lea Conti.

En ese mismo año se pusieron en escena las obras de Florencio Sánchez las que tuvieron un éxito inusitado: “Barranca bajo”, “El desalojo”, “Mi hijo el dotor”, “El familia”, “Gringa”, entre otros. A Florencio Sánchez que era uruguayo, periodista y dramaturgo, se le atribuye haber creado el mote de “canillita” a los vendedores de diarios y revistas. Es autor de la obra precisamente de ese nombre, estrenada en Rosario el 1 de octubre de 1902 por la Compañía Española de zarzuelas de Enrique Lloret. Al autor lo conmovió un niño rosarino vendedor de periódicos de piernitas muy delgadas, de allí precisamente el calificativo.

Posteriormente, en 1904 se estrenó en Buenos Aires esta obra en el teatro Comedia de calle Pellegrini entre Cangallo y Sarmiento un domingo a las 2.30 de la tarde. El éxito fue total.

En 1958, el teatro Apolo cerraba sus puertas y en 1960 se concretaba su lamentable demolición.

La mina del Ford

En las primeras décadas de la habilitación del teatro Apolo estaba muy de moda el sainete y en toda función, como se estilaba, se estrenaba algún tango. Concurrían a las funciones, público de todo estrato social y la música predominante era obviamente el tango.

El 6 de junio de 1924 se estrenó en el teatro Apolo por la Compañía de Leopoldo Simari el sainete “Un programa de cabaret” cuya autoría perteneció a Pascual Contursi y Enrique P. Maroni.

El programa no era atractivo, se veían muchas butacas vacías y todo presagiaba un estrepitoso fracaso; entonces Contursi le inyectó un tango canción de neto corte festivo a fin de mejorar la performance del espectáculo. En consecuencia escribió el tango “La mina del Ford”. Dado el carácter jocoso de la pieza incorporada, el espectáculo se salvó de su frustración.

Con total desenfado la artista y cantante Luisa Morotti lo interpretó.

“Yo quiero un cotorro que tenga balcones, cortinas muy largas de seda crepé, mirar los bacanes pasando a montones, pa ver si algún reo me dice ¡qué hacé!…
Yo quiero una cama que tenga acolchado, y quiero una estufa pa entrar en calor, que venga el mucamo corriendo apurado, y diga Señora… araca… está el Ford”.

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José «Pepe» Marquínez

Bibliografía: “Los teatros históricos”, Colección Biblioteca Proteatro, Cora Roca. “Misceláneas”, de mi autoría.

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