(Por: Gustavo Aramburu) – El ex presidente Néstor Kirchner y el ex ministro de Economía, Roberto Lavagna, destacaron sus coincidencias para normalizar el Partido Justicialista, sellaron un acuerdo político para la conducción partidaria y más aun dijeron que nunca habían estado distanciados.
Para quienes dentro del radicalismo nos opusimos a la candidatura del ex ministro por considerarla contraria a nuestra identidad e historia política, era por cierto algo esperable, los peronistas son así, y don Roberto dejo claramente en ridículo a quienes desde las máximas poltronas partidarias le cantaron loas meses atrás.
El radicalismo por primera vez en su historia no llevo candidato propio, soportamos ninguneos, maltratos, desplantes ,finalmente nos abandono y se echo en brazos de Kirchner.
Nuestro Ricardo Lagos termino siendo como Cobos, menos aún como Borocoto.
Lo notable es que quienes promovieron su candidatura, ahora lanzan sonoros denuestos, pero de autocrítica no se oye nada.
El apoyo a Lavagna, agravó la balcanización partidaria, nos deshilacho aún más, se fueron militantes, se dispersó aún más nuestros votos, etc.
Quienes se sacaron fotos sonrientes en Tilcara con él, hablaban de su discurso alternativo, racional y sinceramente opositor, no amagan hoy ni una mínima autocrítica.
Nuestro Ricardo Lagos, no es más que una anécdota, el partido esta diezmado hoy por causas y conductas que exceden a Lavagna y se remontan en décadas.
No puedo pedirle respeto a nuestra historia ni autocrítica a Lavagna, si se la exijo a quienes conducen mi partido, lo eligieron y elogiaron.
Es cierto que la conducción oficial del radicalismo logro algo único, que los radicales concurriéramos sin candidato propio por primera vez en más de un siglo y que votáramos a un peronista.
Dr. Gustavo Aramburu

