El recuerdo de Américo Aresca, el gran Amigo Sunchalense


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En un hecho que encuentra pocos antecedentes similares, la ciudad de Sunchales, desde el año 2002 evoca a una figura muy especial. Sucede que más allá del Día del Amigo, también aquí nosotros tenemos nuestro «Amigo Sunchalense», recordando la figura de Américo Aresca.

En sus considerandos, la Ordenanza Nº 1439/2002, establece que «por su personalidad se constituyó por más de setenta años en un símbolo para los sunchalenses» y por «su simpatía y honradez Américo se ganó el afecto de todos».

Breves descripciones para un personaje que será referenciado por siempre cada 10 de octubre, a partir de múltiples acciones que lo constituyeron en un ser único, marcado por la honradez y solidaridad, con algunas limitaciones a las cuales compensaba a partir de férreos valores que siguen siendo destacados por aquellos que compartieron con él algún momento de la vida.

Los amigos de la vida

(Pocapata mucho andar *) – Fidel no deambula solo por las calles de Sunchales, sabe tener amigos ocasionales y otros que la vida le acerca para siempre. La diferencia entre unos y otros, es que con los últimos descubre que el valor de las pequeñas cosas son las que no se compran ni se venden, solo se sienten.

Américo, el vendedor de billetes de lotería, fue el compañero inseparable de Fidel en sus paseos matutinos por la avenida Independencia. Al verlos juntos, caminando a los saltos, sabiéndose tan diferentes y tan iguales al mismo tiempo, nos confirmaban que la vida a veces da revancha, y quienes creemos que la cordura es sinónimo de solemnidad y normalidad, vivimos en una apariencia engañosa y cruel.

Estos amigos soñadores nos enseñaron que gritar los números de la lotería de fechas pasadas o andar por la vida haciendo equilibrio sobre una cuerda floja es casi un acto de cordura en un mundo lleno de crueldad y egoísmo. Ellos nos dieron una verdadera lección de amor y de compañerismo.

Fidel fue amigo de Américo y lo acompañó hasta el día en que «este bostero de ley» se fue a recorrer las calles celestiales, allí seguramente estará gritando los números de la lotería de la semana pasada, y espera a su amigo Fidel para que los largos caminos que aún faltan recorrer sean más agradables en su compañía.

(*) Sunchales, La Opinión, 2005.

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