
No fueron muchos, más que nada proyectos como vacaciones pagas o aguinaldo, pero aquellos hombres, olvidados durante décadas, por primera vez fueron receptores de una política que los dignificaba y tenía en cuenta.
De este modo, en la acalorada tarde del 17 de octubre, se iniciaba un romance entre un hombre y su pueblo: Comenzaba el Movimiento Nacional Justicialista. Todo lo demás ya ha sido escrito de manera imborrable en las arenas de la historia.
Ahora es momento de unidad y todo aquel que por planes tenga fragmentar los destinos del Partido, debe ser juzgado por los verdaderos dueños del peronismo: sus afiliados, aquellos que han sido alejados de la decisión al cerrarse el único canal de opinión: las internas.
A los dirigentes actuales solo resta desearles la inspiración necesaria para unificar el partido en una lucha que retrotraiga a aquella singular herencia. Si hay diferencias, son los militantes y adherentes quienes deben coincidir en cual es el proyecto más justo para llevar adelante el viejo sueño que para todos nosotros, sin distinción de líderes circunstanciales, lleva el nombre de Peronismo.
Con palabras de Eva Perón: “Si la Patria fuera grande, y el pueblo fuera feliz, ser peronista sería simplemente un derecho, pero en nuestros días ser peronista es un deber».
(* Secretario General del Partido Justicialista de Sunchales).

