(Por: Mario Cordoni – Para: Olé) – Anterior1 de 2Siguiente
Julio Lamas sabe que su equipo ganó algo más que un título en Mar del Plata. Libertad de Sunchales llegó al Súper 8 Clarín Deportivo con una gran pregunta por responder: ¿Cómo reemplazar a Pittman? La ausencia del rendidor extranjero –cortado por la dirigencia del club tras dar positivo en un control antidoping– abrió un interrogante sobre uno de los punteros de la Liga Nacional. La tarea del entrenador era mantener la química del grupo y el nivel de juego sin contar con su máxima figura. Y vaya si lo logró.
«Me voy con la satisfacción de que los jugadores reaccionaron y actuaron de la mejor manera ante una situación adversa», contó Lamas tras el trabajado triunfo por 69-68 sobre Regatas Corrientes en la final que se disputó anoche en el Polideportivo marplatense. Sebastián Ginóbili, Marcos Saglietti, Pablo Moldú, Mariano Ceruti, Martín Müller, Andrés Pelussi, Jorge Benítez, Robert Battle, todos ellos pusieron su grano de arena para que el fantasma de Pittman no frenara el camino de Libertad.
«Los títulos son como los hijos. Uno los quiere mucho a todos, sean más pequeños o más grandes», continuó el entrenador, quien sabe algo de este tema de dar vueltas olímpicas. Tome lápiz y papel: dos títulos de Liga Nacional (Boca 1996/97 y Ben Hur 2004/05), una Liga Sudamericana (Ben Hur 2006), un campeonato LEB (Alicante 2001/02) y una Copa del Príncipe (Alicante 2002). Y este Súper 8 Clarín Deportivo, claro.
«El equipo mantuvo la defensa como un arma para conseguir la victoria. Y en ataque hemos tenido momentos en los que fuimos eficientes y momentos en los que nos faltó algo», agregó. Ese algo que les faltó quedó en evidencia ante los correntinos. Libertad estuvo muy cerca de perder el partido, pero tuvo a un Pablo Moldú que metió un doble bárbaro en el momento justo y el título viajó para Sunchales. Porque un equipo campeón también necesita ganar partidos así.
Es cierto que Libertad es un más que justo campeón. Tan cierto como que, si entraba el triple del paraguayo Martínez y era Regatas Corrientes el que festejaba, nadie iba a hablar de un ganador inmerecido. Los dos mejores equipos del torneo llegaron a la final, y ganó el que estuvo más certero a la hora de la verdad.
Así se cerró un campeonato que no tuvo en la final un marco acorde a la ocasión (la temprana eliminación de los conjuntos locales atentó contra la convocatoria de público) pero que gozó con un cierre emocionante, con la definición en la última bola, mientras los segundos se agotaban y los corazones latían bien fuerte. Fue otra gran muestra de esas cosas que sólo el básquetbol puede entregar.

