(Por: Gustavo Aramburu) – En estos días se cumple un nuevo aniversario de la sanción de la ley Saenz Peña sabido es el papel que el radicalismo tuvo en ese hito fundamental de nuestra democracia.
En tiempos en que toda reunión política, es un ensayo de Borocotización es dable recordar que Saenz Peña se reunió con Don Hipólito Yrigoyen.
Este es el relato de Yrigoyen sobre el histórico encuentro:
“Ante nuevas insistencias que hiciera asentí a que conversáramos, y al ofrecerme participación en el gobierno sin restricción alguna, a los efectos de que pudiera realizar todos los bienes que me proponía para la Nación, pedíle que apartara de su pensamiento esta suposición al respecto, porque eran insalvables mis determinaciones.
Seguramente un terrible manto de olvido debe cubrir estas frases de Yrigoyen en el razonar y proceder de quienes desde el radicalismo se han constituido en un apéndice de una concertación oficialista, más aún hay quienes en estos días hacen guiños favorables para que determinados traidores a los principios elementales de la Unión Cívica Radical participen nuevamente de su conducción y hagan escuchar su voz.
El lugar del radicalismo es ser la voz de quienes vivían tranquilamente en ciudades del interior bonaerense y hoy sufren a la par de sus compatriotas del conurbano, una inseguridad que no encuentra solución en la sonrisa y los amigos de la farándula del gobernador. El lugar de nuestro partido es estar con quienes sufren los aumentos del 30 % de guardapolvos o útiles y penan por estos días.
El lugar que nos enseña nuestra historia es estar con los inquilinos que padecen subas al renovar sus contratos de casi un 100% del valor del contrato anterior de hace 2 años.
El radicalismo solo puede estar de la vereda de enfrente de los De Vido, de los Fernández o de la frivolidad y haraganería presidencial.
Si la Unión Cívica Radical cae en manos de quienes viven de las migajas de este Oficialismo, o se constituye en una fuerza opositora light y anodina, se verá reducido tarde o temprano a una sigla y a edificios vacíos.
No son radicales aunque se autotitulen de tales, quienes traicionan nuestra historia, quienes en primera fila hablan de nuestros próceres y diariamente en su accionar los olvidan.
El radicalismo se forjó en la adversidad, en la intransigencia, soportó persecuciones, fraude, violencia, golpes militares y civiles, quizás solo al decir de Don Cantoni quedamos en esta difícil hora, los de gloria barata, y encima pocos, aun así, con nuestras humanas limitaciones vale la pena dar lo mejor de nosotros para salvar a esta herramienta imprescindible para la construcción de la Argentina soñada.
Dr. Gustavo Aramburu.

