El origen de una idea: Darwin y la evolución

Hace 199 años nacía Charles Darwin, el científico que cambiaría la forma de ver el mundo y a los seres vivos. En 2008 también se cumplen los 149 años de la presentación pública de su revolucionaria obra, «El origen de las especies». Investigadores de diferentes disciplinas dieron su opinión a la Agencia CyTA, sobre el legado del naturalista británico, que entre otros lugares del mundo, también visitó la Argentina en su famoso viaje del Beagle.

(Agencia CyTA – Instituto Leloir. Por Laura García Oviedo y Bruno Geller) – El mundo cambió para siempre luego de que las ideas de Darwin fueron presentadas en la Royal Society de Inglaterra en 1859. La teoría de la evolución de los seres vivos impactó en la sociedad del siglo XIX, y casi 150 años después continúa haciéndolo.

Aunque en la actualidad mucha gente conoce el trabajo de Darwin, muy pocos saben realmente de qué se trata y otros la rechazan por motivos religiosos. Ahora bien, ¿cuáles fueron los principales aportes de la teoría darwiniana? ¿Por qué en la actualidad genera aún controversias con la religión e incluso en el campo científico?

Darwin mantuvo en secreto sus ideas durante 21 años, quizás para evitar la inevitable confrontación con la sociedad. En ese entonces se consideraba que las especies no cambiaban. Pero Darwin halló evidencias de lo contrario, y no estaba solo: el naturalista Alfred Wallace había llegado a las mismas conclusiones de manera independiente durante una expedición al sudeste asiático Se las comunicó en primer lugar a Darwin en una carta, y finalmente, ambos trabajos fueron presentados el mismo día en la Royal Society.

«La teoría de Darwin es una de las teorías más revolucionarias en el pensamiento occidental, ya que desafió la visión que se tenía del mundo hasta ese momento. La visión que prevalecía era la de un mundo estático esencialmente idéntico a la perfecta creación divina. La creencia era que las especies habían sido creadas individualmente tal y como son hoy en día», dijo a la Agencia CyTA Esteban Hasson, profesor del Departamento de Ecología Genética y Evolución de la UBA e investigador del CONICET.

«Además, se creía que ninguna especie se había extinguido. Pero esa idea se desmoronó en el siglo XVIII con los descubrimientos de dinosaurios y mamuts fósiles. Los geólogos comenzaron a sospechar que la Tierra había tenido una larga historia, pero fue Darwin quien extendió esta idea a la materia viva e incluso al hombre» destacó Hasson, y agregó que si bien la idea de la evolución no nació con Darwin -estaba presente desde principios del siglo XIX- recién alcanzó el status de una teoría científica coherente e influyente con la publicación del «Origen de las Especies» en 1859.

El Beagle y la evolución
Llegar a una teoría consistente fue un trabajo que le exigió muchos años a Darwin. El famoso viaje a bordo del HMS Beagle, que al mando del capitán Fitz Roy , recorrió diferentes continentes desde diciembre de 1831 hasta octubre de 1836, le abrió los ojos a un nuevo mundo. El trayecto hacia Sudamérica y el paso por las islas Galápagos, donde el naturalista observó diferentes especies del pájaro pinzón, fue crucial para recolectar evidencias y descubrir así que las especies evolucionan.

En sus aventuras por el continente sudamericano, Darwin visitó Río de Janeiro, en Brasil, y Bahía Blanca, en la Argentina. Conoció a los gauchos de las Pampas, navegó por el río Santa Cruz de la Patagonia y hasta conoció a Juan Manuel de Rosas. (Ver: «Charles Darwin, un explorador asombroso»).

«La evolución significa cambio, cambio en la forma y en el comportamiento de los organismos entre generaciones. Las formas de los organismos, en todos los niveles, desde las secuencias de ADN hasta la morfología macroscópica y el comportamiento social, pueden ser modificadas de aquellas de sus ancestros durante la evolución», afirma el zoólogo británico Mark Ridley en su libro «Evolución». Y agrega: «Darwin definió la evolución como la descendencia con modificaciones, en poblaciones que descienden unas de otras».

La evolución no procede en una línea predecible, sino que depende del ambiente en el que una población vive y de las variantes genéticas que surgen (por procesos al azar) en las poblaciones. Ridley explica que la evolución de la vida ha ocurrido en un patrón con forma de un árbol con ramificaciones. «La variedad moderna de las especies se ha generado a través de las divisiones de los linajes desde un único ancestro de la vida.» En otras palabras, la base del árbol sería el ancestro común de las diversas especies que se irían ramificando hacia la copa del árbol y más allá.

«Un aporte fundamental fue la monumental recolección de datos referidos a la variabilidad fenotípica -las características que se observan en los animales, como el color del pelo- de las especies. Darwin realizó una muy prolija y extensa descripción de las variantes morfológicas durante su viaje con el barco Beagle que le permitió, posteriormente, utilizar todo este conocimiento para aplicarlo a su teoría de evolución por selección natural», remarcó el biólogo Juan José Fanara, docente de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA e investigador del CONICET.

Cabe aclarar que los conceptos de genotipo y fenotipo no fueron utilizados por Darwin, sino que fueron acuñados por Johansen en 1910 al rescatar los trabajos pioneros de Mendel en Genética en el siglo XIX.

La selección natural
El aspecto clave de la obra de Darwin fue la propuesta de un mecanismo para comprender el proceso evolutivo, que fue bautizado con el nombre de selección natural. «Es un proceso en el cual se observa que una cierta variante de un determinado fenotipo en una población incrementa su frecuencia. Cada población vive en un ambiente diferente y por lo tanto, se seleccionan variantes diferentes para una dada característica. Una variante pude ser beneficiosa en un ambiente y perjudicial en otro», explicó el especialista.

Para Fanara, ese mecanismo podría imaginarse con un gran «colador», donde quedan sólo las variantes seleccionadas por la forma de sus agujeros. Ese colador varía y por ende, también cambia la forma de sus agujeros según las diferentes instancias por la que pasan los individuos para vivir, como por ejemplo buscar alimento, sobrevivir a los predadores, y reproducirse.

Plantear que la diversidad biológica evoluciona, y que ese cambio no tiene un fin determinado, sólo estar mejor adaptado y dejar un mayor número de descendientes, modificó en forma sustancial la concepción del hombre. «Nosotros no somos el fin último de una creación sino un eslabón más de un camino», destacó Fanara.

Las consecuencias del aporte darwiniano fueron más allá del campo de la ciencia. Cambió la visión que se tenía del origen de la vida, causando un terremoto en los cimientos religiosos de la época.

El ser humano, un animal
«El evolucionismo ya se ‘respiraba’ en el ambiente científico del siglo XIX, pero la gran difusión de su libro popularizó la idea de evolución más allá del círculo de investigadores. Por supuesto, sabemos que su posición no fue aceptada por todos y que, aún hoy es rechazada por muchas religiones, especialmente en todo lo que concierne a la evolución humana», opinó la arqueóloga y divulgadora científica Verónica Pernicone.

¿Qué fue lo que causó tanto revuelo? La teoría de Darwin hizo dudar de la presencia divina en el origen de nuestro mundo. «Las especies animales no habían sido creadas por Dios tal como la humanidad decimonónica las conocía, sino que habían sufrido incontables transformaciones a lo largo de los eones -períodos en los que se considera dividida la historia de la Tierra desde el punto de vista geológico y paleontológico- que separaban al siglo XIX de los comienzos de la vida terrestre», remarcó la especialista.

La mayor herida tuvo que ver con el origen del ser humano. Para Pernicone, la idea de una evolución a partir de una especie «inferior», animal, tan alejada de una creación a «imagen y semejanza» divinas, fue insoportable para la sociedad de esa época. «Dejar de ser considerados ‘hijos de Dios’ fue como una segunda expulsión del paraíso», opinó la investigadora, que estudia la relación entre arqueología y educación en la Argentina.

Según los expertos, la selección natural sigue siendo hoy una explicación válida del cambio evolutivo, aunque no excluyente. «La teoría evolutiva tuvo y tiene su propia historia de cambios. En esta historia, la selección natural se articula con otras teorías que ayudan a entender y explicar el proceso evolutivo», señala Sebastián Preliasco, biólogo e integrante del proyecto «Darwinia», organización que se dedica a la divulgación de la teoría de la evolución.

Evolución 2009
Pese a los avances dentro del campo de la genética y otras disciplinas que refuerzan y complementan la teoría de Darwin, en la actualidad la evolución por selección natural sigue causando escozor en algunos sectores. Sin ir más lejos, en 2004 el gobierno de Berlusconi en Italia, generó un gran revuelo al intentar excluir la teoría de la evolución de las especies de la enseñanza en las escuelas. Finalmente, la presión de la comunidad científica consiguió revertir esa medida.

El rechazo a pensar que el ser humano tiene un ancestro común con el orangután o una simple rata sigue vigente. El movimiento creacionista, que sostiene que la vida y la tierra fue creada por un ser divino, tiene numerosos adeptos en países como los Estados Unidos. Aunque lo cierto es que hoy ya se sabe, gracias a los estudios genéticos, que la mayor parte del genoma del ser humano y del chimpancé es idéntica.

Más allá de todo, el 2009 será el gran año de Darwin. Habrán pasado dos siglos desde su nacimiento. Los festejos ya comenzaron. Por ejemplo, una muestra itinerante que comenzó en el Museo de Historia Natural de Nueva York, en los Estados Unidos, recorre el mundo desde 2005 y llegará al museo de Historia Natural de Londres el próximo año. En la actualidad, está en exhibición en Río de Janeiro, Brasil . (Es el único país de Latinoamérica que incluye el tour).

Cuando Fitz-Roy invitó a Darwin a sumarse a la tripulación del Beagle, el joven naturalista aceptó con entusiasmo. No imaginaba que comenzaría el gran viaje de su vida. Para algunos expertos, sus hallazgos no pueden explicarse por un encono contra la Iglesia, sino por «su pasión por la naturaleza, su insaciable curiosidad investigativa y un profundo afecto por la especie humana». No en vano escribió: «Si la miseria de nuestros pobres no es causada por las leyes de la naturaleza, sino por nuestras instituciones, cuán grande es nuestro pecado».

Relacionadas

Ultimas noticias