“Ptzz, ese no es Tevez?”, susurra el cuarentón con las chapas voladas, más ansioso por conseguir un eventual garabato del delantero que por presenciar el debut de una nueva seguidilla de shows de Midachi. Y efectivamente, el de gorro blanco tatuado (le está costando despegarse de él a Carlitos) es Tevez, acompañado de Vanesa, su mujer. Y atenti que no sólo el Apache genera cuchicheos, porque por allá también aparece Sorin y más acá el Ratón Ayala y ahí viene entrando Heinze, casi pisándole los talones (cuando no) a Mascherano. Sí, en la noche de jueves, el teatro Opera, sobre la sonámbula calle Corrientes, contó con la presencia de cinco hombres de selección buscando, quizá, aflojar un poco el nudo en el estómago que les genera tener el mundial a la vuelta de la esquina. Intrusos en el espectáculo…
La función arranca y ya sin luces se complica divisar más conocidos, aunque no los habrá, y la Tota, personaje que entra en escena metamorfosis sexual de Miguel del Sel mediante, arranca carcajadas. Risas de él, de aquél, y, claro, de los muchachos de Pekerman, que se retuercen sobre la butaca. Hasta que aparece el anuncio de la presencia de estos y la gente aplaude y llega la invitación de montarse en las tablas y ahí van, entonces, los cinco cracks, al sillón blanco, a recibir el agradecimiento por estar presentes el día del bautismo del nuevo espectáculo. Y, obvio, a recibir algún simpático cachetazo por parte de Miguel (perdón, de la Tota), como el que ligó Sorin, cuando el cómico lo gastó, picante, por el affaire Verón, pero «no pasó nada» y a otra cosa.
Pero a Tevez (junto a Masche, los encargados de conseguir los tickets) fue a quien le apuntaron la mayoría de los gags. Primero, la Tota (ahí va queriendo) lo aconsejó sobre la forma de insultar a los africanos de Costa de Marfil, inventando un desopilante diálogo entre Carlitos y un mulato, caricaturizando las frases de ambos. Y luego, a mover las cachas, Dady versión Pochola sacó a bailar al delantero de Corinthians con Los Palmeras de fondo y sí, le dio su «apoyo» (se entiende) y lo chicaneó con las «cosas» que le iban a apoyar los morochos, «porque mirá que tienen una tararira…». A esa altura, abundaban en la gente los dolores de panza por tanta risa.
Pero hubo, pese al contexto, un instante serio, cuando bajó de las gradas el «que vamo» a salir campeones, que vamos a salir campeón…» y Ayala, ya no capitán (es Sorin) aunque no pierde el gustito, tomó el micrófono y «nosotros quisimos despedirnos del pueblo argentino acá, por eso el miércoles, en el Monumental, esperamos que vayan a la cancha, así nos vamos con toda la fuerza de ustedes encima a buscar el objetivo que todos deseamos», pidió e hizo tronar al público. Michachi, esta vez, un poroto.
Fuente: Ole

