Cuesta pensar que hace apenas poco más de cuatro décadas, este amplio sector del ejido urbano no solamente se encontraba alejado del resto de la ciudad sino que había sido pensado explícitamente como un lugar de descanso.
Sus normativas de construcción, así lo evidenciaban ya que se pensaba en que este barrio funcionaría como sector de fin de semana en una ciudad que seguía expandiéndose. Fue precisamente este crecimiento sostenido el que imprimió un nuevo rumbo, con la construcción de viviendas para ser habitadas de manera continua, las cuales fueron entremezclándose con las pensadas para el descanso.
Apenas unos años después, ya todo era anécdota y aquella Ordenanza N° 409 del año 1983, así lo refleja, a partir de un pedido formulado por los propios vecinos allí residentes para separarse del barrio Colón y conformar su propio espacio, toda vez que, en el Considerando se explica que «la importante población radicada en dicho sector no tiene relación de vecindad con las Comisiones Vecinales establecidas por la Ordenanza 180/78«.


