(Por: Juan Manuel Gorno – Para: El Diario) – Despojado de fantasmas, con actitud y aptitud, aclarando la cabeza para desatar las ideas, osado para el ataque y seguro para el aguante… El Alumni que anoche jugó en Plaza Ocampo se alejó del Alumni que perdió los últimos tres partidos. Por eso ganó justificadamente, 2 a 1, dejó atrás a un rival complicado como Libertad de Sunchales y escapó por una semana de la zona espinosa de la Promoción.
Dispuesto a regalar -y regalarse- una alegría, el equipo villamariense jugó un primer tiempo con brillo y un segundo con solvencia. Primero mató en el arco contrario y después, cuando no pudo repetir esa imagen, soportó en el arco propio. Bajo esa alternancia de juego, se lucieron casi todos.
En un principio, los delanteros hicieron lo suyo como para darle la derecha al técnico José Manuel Vázquez por haberlos juntado desde el arranque (Gabriel Bolatti-Víctor Rena-Raúl Maldonado).
Más retrasado que lo habitual, el «Poroto» se ubicó por la derecha, bien abierto, y sólo bajó hasta mitad de cancha para marcar presencia. Fue un «ocho» mentiroso que abrió juego desde su andarivel para comenzar a darle al equipo un toque de sorpresa.
Por esa vía llegó entonces la primera situación del partido: Gabriel Bolatti dejó atrás a su marcador y envió un centro que Rena cabeceó desviado.
Sin embargo, el partido no se animaba demasiado cuando llegó el primer gol, producto de una guapeada del nueve rubio.
Tirado cerca del área del córner, Rena no dio por perdida una pelota, se escapó de la marca y tiró el centro que se desvió en la mano de un defensor. El árbitro Marcelo Bistocco cobró penal y el «Víctor/Víctor» comenzó a bajar desde la tribuna ni bien el atacante convirtió la pena máxima, con un tiro rasante, a la izquierda del arquero Iván Baigorria.
Con esa ventaja, Alumni utilizó la inteligencia para comenzar a manejar el partido y, más allá que no pobló el mediocampo y que propuso un partido abierto, trató de ser vertical en cada pase, aprovechando la velocidad del «Poroto» o la presencia intimidante de los dos puntas.
Así, a los 25′ llegó el segundo grito, después de un pelotazo largo que se utilizó como salida, pero que Rena peinó para habilitar a Maldonado.
La categoría del «Bocha» hizo el resto: corrida entre los centrales, con pelota pegada al pie, gambeta larga por la derecha y pase a la red. Golazo.
Libertad no salió del asombro y apenas intentó una tímida reacción, pero en su primera aproximación, fue perjudicado por el árbitro mendocino, que no cobró un claro penal de Cristian García sobre Víctor Cejas.
De ahí en más, los sunchalenses anduvieron penando porque nunca aprovecharon por completo la inteligencia de Gabriel Correa para quedar bien posicionados por derecha y tampoco encontraron solución en su número diez, Luciano D’antoni, quien ayer estuvo desconocido.
Sólo un arrebato de Walter Ferrero, a los 29′, causó peligro antes del cierre de la etapa, aunque el disparo del defensor fue tímido y terminó bien controlado por Marcelo Berardo. El visitante cambió su fisonomía en el complemento, cuando el técnico Iván Delfino puso línea de tres en el fondo, sin los marcadores de punta y mandó a la cancha a un delantero-pivot (Cristian Cipolatti).
Jugado por el empate, Libertad dejó huecos que Alumni capitalizó, pero sin llegar a convertir. De hecho, Rena tuvo tres chances claras; en la primera fue tapado con lo justo tras pase de «Poroto»; en la segunda fue achicado por el arquero, luego de una vistosa jugada personal y la tercera terminó con un remate que Alejandro Donatti salvó en la línea y de cabeza.
Entonces Alumni tuvo que aguantar. Y lo hizo con una gran personalidad de Cristian García, sostenido atrás por un Berardo que atajó muy bien un cabezazo de D’antoni.
Lo concreto que, en momentos que García era atendido fuera de los límites de la cancha (había recibido un golpe de su compañero arquero), Libertad llegó al descuento porque Torres quedó habilitado tras un pase largo y cedió al medio para que definiera Cipolatti.
Un bombazo de Correa que salvó Berardo fue el broche de oro para un Alumni que no merecía empatar, por la actuación que había exhibido en el primer tiempo. Es más, siempre estuvo latente la posibilidad de una goleada, que no se concretó porque los delanteros habían perdido la efectividad previa.
Sin embargo, la última línea soportó cualquier embestida, despejó cada pelotazo largo que -de manera repetitiva- lanzaron los volantes de Libertad y le colocaron un cerrojo al resultado. Por eso, los que se animaron a ver al equipo en Plaza Ocampo, pese a los antecedentes, disfrutaron un éxito como hacía tiempo se esperaba; volvieron a ilusionarse y se dieron cuenta que, pese a todo, Alumni aún respira.

