Hubo argumentaciones varias, para intentar justificar tamaño salto: salieron a consideración resoluciones de años atrás en las cuales se establecían diversos criterios, entre ellos el de atar al salario del intendente (con el 80 por ciento) o bien hacerlo a las mejoras de los trabajadores municipales (para retocarlos en igual medida y tiempo que aquellos).
La primera opción, dijeron en líneas generales, les pareció elevada. La segunda, arrojaba la necesidad de elevarse retribuciones en más de un 180 por ciento, también elevado, dijeron. Ahora bien, optaron por atar salarios al intendente, como la primera alternativa, sólo que haciéndolo al 60 por ciento, incurriendo en la argumentación en un error doblemente dicho ya que, explicaron, pretendieron ajustarse al porcentaje más bajo dentro del gabinete, el cual, aclaramos, no es del 60 por ciento de los subsecretarios sino del 40 por ciento de los asesores (¿se bajarán el sueldo cuando noten el yerro?).
En cuanto a los motivos por los cuales no adherían ni aplicaban la alternativa de los municipales, señalaron que también el monto resultante era elevado para sus pretensiones. La pregunta que surge es: ¿habrían podido hacerlo? Siendo que no pueden cobrar más que el intendente, pensar en llevar los 3 mil pesos (redondeando) al doble ya les daba más que lo establecido anteriormente, tornándolo impracticable sino hasta estos días después de haber otorgado el aumento al primer mandatario. Renunciar a algo que no podían obtener, no suena, a priori, a renuncia.
Finalmente y avanzado el debate, queda por considerar solamente tres argumentos, el de Cecilia Ghione, quien, más allá de los argumentos, exigió tener en cuenta algún criterio antes de tomar una resolución (por caso, citó, el del índice inflacionario o bien el 20 por ciento en el que rondan los acuerdos sectoriales). También el de Carlos Longoni, dando a entender -palabras más o menos- que esto hará más atractiva la actividad política y acercará un mayor número de candidatos en los comicios venideros. Y la alocución final de Néstor Mosso, el edil con mayor antigüedad del cuerpo, que casi se plantó en el rol de víctima por tener que definir salarios de intendente y propio.

