(Por: Ezequiel Bolatti) – Si observamos cómo se fueron transformando las ideas políticas y empresarias en el mundo actual (especialmente si se lee a los nuevos pensadores del arte de negociar) podemos comprobar como han evolucionado los conceptos de negociación últimamente… desde la tradicional postura de negociación distributiva en la que se considera que si yo gano – tu necesariamente debes perder, muy común en todas las decisiones del ser humano que conocimos (y conocemos hasta la fecha, especialmente en nuestro país), hacia una nueva visión de negociación integrativa, en donde si él gana – yo también puedo ganar, que se impulsa desde la nueva filosofía del mundo negociador…
Cuando nos referimos al conflicto que hoy nos preocupa a todos los argentinos, relacionado a la puja Gobierno – Campo y deseamos esclarecer qué tipo de intereses están en juego en esa negociación, debemos tratar de comprender qué persigue cada una de las partes, para saber si es posible que en algún momento encuentren una solución al conflicto. En un listado de intereses que puede ser arbitrario (está hecho desde una visión parcial), pero que se deja traslucir en cada uno de los mensajes que emite cada sector, podríamos numerar como pretensiones de cada uno las siguientes:
Del Gobierno Nacional:
– Lograr una mejor distribución de la riqueza.
– Fortalecer su posición de autoridad.
– Lograr el éxito en la gestión económica (y que le sirva como argumento político futuro).
– Asegurar la continuidad de su gestión.
Del sector Agropecuario:
– Mejorar la rentabilidad del negocio.
– Tener “opinión” en los temas que impactan al sector.
– Lograr una mejor distribución (más federal) de los recursos fiscales generados por el sector.
– Lograr que se mejore la infraestructura necesaria para que el negocio agrícola sea más eficiente (rutas, vías férreas, puertos, aeropuertos, energía eléctrica, etc.).
– Definir una política de largo plazo que le de certeza al negocio.
Observando las pretensiones de cada uno de los sectores en puja, veremos que ninguna de ellas es lo suficientemente descabellada como para ser descartada (con excepción de la consigna de fortalecer la posición de autoridad del gobierno, que hoy podría rayar con autoritarismo), pues ambos sectores demuestran intereses que pueden ser beneficiosos para el conjunto de los argentinos. Incluso es absolutamente lícito que un gobierno intente hacer su “mejor” trabajo para asegurarse la continuidad, así como también es lícito que la oposición trate de mostrar los puntos débiles del que administra para ganar poder y acceder luego al gobierno. Este es el “juego” de la democracia. Si esto se hace en el marco de la legalidad y con herramientas válidas, el pueblo tendrá luego la oportunidad de elegir lo que considere más adecuado y de esta manera termina ganando la comunidad en su conjunto.
Por lo tanto, si ambas posiciones son lo suficientemente razonables, ¿por qué aún no se ha encontrado un camino que lleve a una solución ventajosa para todos?, ¿se plantearon razonablemente los intereses de cada parte?, ¿o se esconden argumentos con el fin de lograr “derrotar” al contrincante?
Lo que comenzó como una puja de intereses genuinos, hoy se ha manchado de “intereses mezquinos”. El gobierno ve “oposición” en todas partes y actúa en consecuencia (hay que “derrotar” a la oposición) y el campo, ante esa reacción, se propuso “derrotar” al gobierno que se ha cerrado y ya “no escucha”. Con esta situación no hay solución inmediata posible…
Lo más grave de esta situación es que se están planteando algunas “resurrecciones” de ideas que creíamos superadas gracias la evolución de la sociedad, del tipo “patria si, colonia no”; “nosotros somos el pueblo”; “que se vayan esos montoneros” y todo otro tipo de sloganes que identifican a ideas de épocas pasadas y de otra Argentina.
Estas resurrecciones están dando protagonismo a grupos que dicen “representar” al pueblo (al de la izquierda y al de la derecha, siempre en los extremos) pero en realidad nada tienen que ver con los miles de trabajadores, campesinos, amas de casa, maestros, etc. que día a día dejan todo por un sueldo digno y por la grandeza de la Argentina. Tampoco tienen que ver con un mundo que interactúa permanentemente y que requiere de “inteligencia” para mejorar la posición que como país hoy tenemos en el concierto internacional.
No me veo identificado con determinados sectores socio-económicos, pues no pertenezco a ellos, pero eso no significa que no existan (y que no sean del mismo país que me contiene). Parecería que en Argentina sólo “mi” sector tiene que hacerse oír, los demás deben ajustarse a “mis” pretensiones… sería bueno entender que Argentina somos “todos”, con las diferencias de pensamiento, sectores sociales, sectores económicos, religión, etc., por lo tanto sería bueno que comencemos a escucharnos y saber que “el otro” también existe, que tiene sus ideas y necesidades y que, tal vez, esas ideas pueden ser “buenas”, más allá del origen que tuvieron…
Es cierto que hay que ocuparse de la pobreza, pero desde el principio… educando, fortaleciendo institucionalmente, generando oportunidades genuinas.
Es cierto que hay que distribuir mejor, pero en un marco de diálogo y consenso.
Es cierto que cuando votamos le otorgamos a los elegidos el mandato para que definan la forma de hacerlo (por ello es que votamos una “idea” de país que nos la presentan mediante la campaña).
Pero también es cierto que si “utilizamos” a determinados sectores sociales sólo para satisfacer nuestro apetito de poder, por un lado, y si no se utilizan los canales adecuados de negociación entre las partes, por el otro, todas las cosas que pregonamos terminan siendo un “slogan” más, sin resultados y con muchos perjudicados.
Si comenzamos a escucharnos con humildad y con el pensamiento abierto quizás comencemos a cambiar la historia del país (de éxito y de fracaso recurrente, que nos detiene y que no nos ha dejado avanzar para ser el país potente que se preveía cuando se festejó el centenario de la Revolución de Mayo).
Hoy somos muchos los que nos sentimos representados por la lucha del campo, pero también deseamos sentirnos representados por un gobierno que debería ser plural, que busque el bien común con las herramientas que le otorga la democracia y que esté dispuesto a rescatar las mejores ideas, no importa de donde provengan.
Hay un ruego generalizado de la población (esa que no es de derecha ni de izquierda) para que las partes encuentren una solución justa a las pretensiones de cada uno… hay un ruego para que se logre el verdadero “Acuerdo del Bicentenario” ¿será que quienes nos representan en las dos fracciones de la negociación tendrán el temple necesario para lograrlo?
Todos los Argentinos estamos aguardando eso… ojala esta vez lo alcancemos…

