
Los niños y niñas dejaron sus huellas recorriendo el lugar, que ya comenzó a modificarse. Tal como se comprometieron desde el Municipio, durante el mes de marzo se quitaron las ramas que pudiesen constituir una amenaza para la seguridad de los visitantes.
Las voces de los chicos quedaron pintadas en cada uno de los tachos. Esta es una invitación a poblar cada fin de semana este lugar de nuestra ciudad y redescubrir los tesoros que la naturaleza nos regala.
¿Nos hará falta una oreja verde? Como dice el poema de Giani Rodari:
«…Es una oreja de niño, que me sirve para oír
cosas que los adultos nunca se paran a sentir:
Oigo lo que los árboles dicen, los pájaros que cantan,
las piedras, los ríos y las nubes que pasan,
oigo también a los niños, cuando cuentan cosas
que a una oreja madura, parecerían misteriosas…»

